La exclusión del cristianismo

Si el cristianismo ha tenido, a escala global y hasta nuestros días —o ayer—, un protagonismo notable en la forja de la cultura, el pensamiento, la moral y las costumbres de pueblos, naciones e individuos, desde que por allá el siglo IV, cuando Constantino le dio carta de ciudadanía; lo cierto es que esto ha tocado a su fin absolutamente, en un principio con la secularización del Renacimiento y luego con la Ilustración y la separación de la Iglesia y Estados de hace ya más de dos centurias, hasta llegar a estos tiempos presentes en que el laicismo mezcla de nihilismo, relativismo, materialismo y hedonismo, que ha configurado un nuevo ser humano desprovisto de espiritualidad, de conciencia, de trascendencia, de naturaleza propia, de orden moral…, haciéndolo refractario a la creencia religiosa, con especial beligerancia contra la fe cristiana, ha la que ha combatido y combate a muerte, ya que esta ha forjado el alma humana a lo largo de la historia desde hace las de dos mil años; hoy cabe afirmar que esto ya no es así, y la luz de cristianismo «parece» oscurecerse y con ella la luz del mundo.

Hoy se excluye de la escena pública a la Iglesia cristiana, no ya por razones de acaparar poder —cosa que no es propio de la Iglesia ni a lo que aspira, pues su Reino no es de este mundo— y eliminar a cualquier competidor —como hicieran los revolucionarios ilustrados—, sino por  dos motivos: porque supone un obstáculo a los poderes que pretendan —aunque parezca sorprendente— amoralizar la sociedad y porque afirma que Dios existe, que Jesucristo es el Salvador del mundo. O dicho de otro modo: Las fuerzas inmundas, que constituyen el espíritu del antricristo, operan negando todo bien y toda verdad e impulsan un proceso de expulsión de Dios y de la religión del espacio público, y hasta, cada vez más, incluso en el ámbito privado.

El acoso público a la religión, recortando su libertad, y su reclusión al recinto de la intimidad resulta una forma bastante eficaz de hacerla desaparecer, por la sencilla razón de que lo que no se ve ni se nota es como si no existiera.

Por desgracia,  son cada vez más frecuentes  comportamientos de los poderes públicos en que se ve esa marginación del cristianismo de la escena pública, ejemplo: 

Aquí en esta país llamado España cualquier grupo, poder, colectivo asociativo, ONG, sindicato, patronal, institución, organización, gremio, lobby, etc. pueden dar su opinión sobre la situación social, res pública, política, etc., excepto a la Iglesia. En cuanto hable la boca sobre algo a lo que tiene derecho a expresarse como cualquier hijo de vecino, la tachan de injerencia, de influir en el voto des de los púlpitos, etc., y al final añaden lo de siempre «si quieran hacer política, que se presenten…»; esto no se lo dicen a nadie, a ninguno de esos grupos de presión o colectivos con influencia o representación. El presidente en funciones ha llamado a infinidad de colectivos a entrevistarse con él, sobre sus cuitas. Por allí han pasado multitud, de toda laya y condición (asociaciones de la diversidad, LGTBI, ecologistas, feministas, científicos, padres de alumnos del sector público, afectados por las hipotecas, representantes universitarios, etc., etc.). Los creyentes como tales no somos tenidos en consideración. Del colectivo religioso, con su varias religiones en el suelo patrio, con más miembros que cualquier de esos colectivos llamados, no ha llamado a ninguna, como si no existiera la religión y sus diferentes Iglesias.

No es ya que el cristianismo sea la religión más perseguida del planeta o que en China se la acose descaradamente y no se diga nada, o al igual que en otros lugares donde el yihadismo asesina a cristianos, sin que se mencione en la prensa generalista, sino que  también  se abren las puertas y se le de todo tipo de facilidades e incluso ayudas para la implantación del islamismo, para que «compita» (haciendo sombra o incluso desprestigian el hecho religioso) construyendo mezquitas (en Francia hay más que iglesias cristianas), o que en los medios de comunicación solo se hable exageradamente de los pecados de la Iglesia católica y no de sus muchas y grandes virtudes, o de lo que aporta a la moralidad social, la convivencia,  etc., sino que como el dato anterior se la mínima, se la desconsidera, no se la tiene en cuenta, y sencilla y llanamente se la trata como si no existiera.

Finalizamos con esta afirmación del 27 de septiembre de 2022, del profesor de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla José Ribas Alba:

«En España ser católico ahora mismo es una rareza, somos una minoría, para muchos somos como bichos raros y ya son menos los niños que se bautizan que los que no se bautizan».

«Los católicos son un grupo a la defensiva y, como católico esto no lo digo con orgullo sino con pesar, y la doctrina de la Iglesia es maltratada en casi todos los ámbitos, también por los sectores denominados progresistas de la Iglesia, que consideran que esta doctrina ha de adaptarse a la posmodernidad, cuando la Iglesia es una institución tradicional». 

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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