Algo se mueve. Mucha gente de Occidente comienza a reaccionar…

La formación liderada por Giorgia Meloni, Fratelli d’Italia, ha logrado la victoria con un 26,34% de los votos, que con la ayuda de otras formaciones de centroderecha, formara gobierno en Italia.

La derecha ha ganado en Italia, al igual que hace unos días en Suecia; en España todas las encuestas de cara al año electoral del 2023 dan también como futura ganadora a la derecha; en EE.UU. la derecha república aparece por delante de los demócratas… ¿Qué significa esto?

En Occidente, vanguardia del mundo, es obvio que está habiendo un nexo común del sentir social de su gente, que viene determinado sin lugar a dudas por el hartazgo de las políticas progres, que están haciendo tomar conciencia a sus ciudadanos ante los resultados nefastos de aplicar las políticas progres. En esta ideologización progresista también participa el liberalismo; de ahí que el votante esté optando por opciones de derechas más radicales, que hagan frente a esa cultura progre:

Donde la Ideología de género que tratan de metérnosla hasta en la sopa y adoctrinar a los niños antes de saber leer y escribir, a espaldas de los padres; las aberraciones, con los cambios de sexo, y sus consecuencias lamentabilísimas.

La no solución al problema de la migración, al no acabar con el hambre en el mundo y las desigualdades y el no preocuparse por el desarrollo económico y político de las zonas del planeta generadoras de emigración.

El empeoramiento de la calidad humana en su aspecto moral. El ser humano de las sociedades occidentales es obvio que, por la concepción materialista y anticristiana y por caída de estima de los valores y principios, etc., ha perdido humanidad, convirtiéndose en un potencial amenaza para la convivencia.

Las familias, los matrimonios, los hijos… todo está siendo cambiado para peor: familias desestructuras; matrimonios rotos por el adulterio y las infidelidades, los hijos enfrentados a sus padres, menos respetuosos, egoístas y violentos. La familia clásica está siendo destrozada.

La cultura de la muerte y la cancelación: El aborto y la eutanasia, que cada vez más se van estirando, como si de derechos naturales se trataran, tratando de llegar al extremo de arrogarse el poder de acabar con vidas con total impunidad; en la aborto se habla de llevarlo hasta el momento del nacimiento (y a veces, hasta después); la eutanasia, amenaza con acabar con las vidas por razones de calidad de vida, es decir, un homicidio encubierta o un suicidio asistido.

El ecologismo, que se ha convertido en algo terrorífico y en una manera de imposiciones a los ciudadanos;  el animalismo, que considera más a una especie protegida que a un ser humano, se subvenciona a activistas que humanizan a los animales y animalizan al ser humano.

El globalismo, la corrección política, el feminismo radicalizado y discriminatorio, la hipersexualización, el transhumanismo, el control limitatorio de libertad a cambio de seguridad, el dominio y manipulación sectaria de las redes sociales, la persecución del cristianismo, etc., etc.

Todo esto y mucho más está generando un malestar social, que comienza de desbordar los límites de la aprobación y su asunción como si nada, y está haciendo que la gente se decante por posiciones contrarias a los que hasta ahora han gobernado todo este estado de cosas, que no son sino el progresismo (tanto de izquierdas como de derecha en su versión liberal).

De ahí los giros, por el momento, de las sociedades suecas e italiana:

En Suecia, hay datos como estos: hace 20 años, era el país más pacífico (el segundo por la cola), con menos muertes de Europa, ahora está en el segundo por la cabeza; antes estaban todas las puertas de las casas abiertas, ahora toda cerradas con puertas blindadas.

La vencedora en Italia, Giorgia Meloni, lo ha hecho manifestando esto:

 En multitud de ocasiones ha hecho gala pública de su fe, y se define a sí misma como «mujer, madre, italiana y cristiana». Afirma no tener «una perspectiva confesional» pero sí «librar esta batalla como una laica de sentido común» que «cree en Dios».

En este sentido, no son pocas las ocasiones en que ha pretendido hacer de la denuncia del «genocidio» de los cristianos una parte relevante de sus propuestas. A ella se refirió en el Congreso Mundial de las Familias en 2019 como «la más grande persecución en el mundo».

También considera necesario «que el Estado incentive a la familia natural fundada en el matrimonio» y «favorecer con recursos a la natalidad», si bien no está entre sus intenciones abolir el aborto, contemplado en Italia bajo la ley 194.

«Nuestra intención es implementar plenamente también la primera parte de la actual ley 194, es decir, que prevea políticas de prevención para ofrecer una alternativa a las mujeres que están pensando en abortar por motivos económicos. Esas mujeres tienen que encontrar un Estado amigo a su lado: más oportunidades y no menos derechos

Se ha manifestado en oposición a otras cuestiones en boga como son la ideología de género -al afirmar que rechaza «una sociedad en la que cada deseo se convierte en derecho»- o a la eutanasia, criticando «que sea definida como inútil la vida de un discapacitado, de un anciano o de cualquiera que no se adapte al canon del perfecto consumidor».

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