La  cizaña

En el evangelio de ayer, 28 de julio, Jesucristo, a petición de los apóstoles, les explica esta parábola del trigo y la cizaña; cosa que no hacía con el público, en general.

Así comienza muchos enunciados sobre la Buena Nueva del Reino: “En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El reino de los cielos se parece…” (Mt 13,31) o “Les dijo otra parábola: El reino de los cielos se parece…”  (Mt 13,33).

“Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.” (Mt 13,34-35). De modo que el lenguaje sugerente, evocativo y expresivo del relato parabólico impactara reposando sobre la mente y el corazón del que escuchaba; además de ser fiel a lo que dice la Escritura profética: “Abriré mi boca diciendo parábolas”.

Esta es la parábola del trigo y  la cizaña:

24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

Evangelio del 28 de julio, según san Mateo (13,36-43), en que Jesús explica la parábola:

En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema: así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.»

Si henos titulado este artículo “Cizaña” es porque queremos fijarnos concretamente en ella: “la cizaña son los partidarios del Maligno”, que será quemada al final. Esta expresión es dura y contundente, y uno ante ella se tiene que tentar la ropa y preguntarse ¿estaré siendo de esos partidarios…, por acción, omisión o inconsciencia? ¡Cuántas veces hacemos el juego al Maligno!

Cuando uno pecada, es un corrupto o un malvado, etc., no solo comente un mal, sino que lo esparce, fomenta y posibilita. Como la cizaña, que crece y se multiplica. Y esto es de una gravedad extraordinaria, a la que colaboramos cual cooperadores necesarios del enemigo, que en la oscuridad de la noche siembra las semillas del mal que ahogan la buena semilla de Reino de los Cielos.

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