La cercana pasión de Jesucristo

Hoy 20 de marzo, la liturgia de la palabra de la misa, nos pone ya delante de lo que se aproxima: la pronta pasión de Jesús. Les invitamos a que presten atención, además del evangelio según san Juan (7,1-2.10.25-30), a la primera lectura del libro de la Sabiduría (2,1a.12-22).

El libro de la  Sabiduría es uno de los libros llamados sapiencias, y en verdad que lo es —léanlo—. Fue compuesto entre el período más probable entre los años 80 y 50 a. C., y llama la atención cómo anticipa la figura de Cristo en su pasión, calca muchos de los detalles. Es una revelación: cuenta la actitud que los impíos tienen contra el justo, el hijo de Dios, el Mesías enviado y salvador:

Primera lectura

Lectura del libro de la Sabiduría (2,1a.12-22):

Se decían los impíos, razonando equivocadamente:

«Acechemos al justo, que nos resulta fastidioso:
se opone a nuestro modo de actuar,
nos reprocha las faltas contra la ley
y nos reprende contra la educación recibida;
presume de conocer a Dios
y se llama a sí mismo hijo de Dios.
Es un reproche contra nuestros criterios,
su sola presencia nos resulta insoportable.
Lleva una vida distinta de todos los demás
y va por caminos diferentes.
Nos considera moneda falsa
y nos esquiva como a impuros.
Proclama dichoso el destino de los justos,
y presume de tener por padre a Dios.
Veamos si es verdad Jo que dice,
comprobando cómo es su muerte.
Si el justo es hijo de Dios, él lo auxiliará
y lo librará de las manos de sus enemigos.
Lo someteremos a ultrajes y torturas,
para conocer su temple y comprobar su resistencia.
Lo condenaremos a muerte ignominiosa,
pues, según dice, Dios lo salvará».

Así discurren, pero se equivocan,
pues los ciega su maldad.
Desconocen los misterios de Dios,
no esperan el premio de la santidad,
ni creen en la recompensa de una vida intachable.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Juan (7,1-2.10.25-30):

En aquel tiempo, recorría Jesús Galilea, pues no quería andar por Judea porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas.
Una vez que sus hermanos se hubieron marchado a la fiesta, entonces subió él también, no abiertamente, sino a escondidas.
Entonces algunos que eran de Jerusalén dijeron:
«¿No es este el que intentan matar? Pues mirad cómo habla abiertamente, y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que este es el Mesías?
Pero este sabemos de dónde viene, mientras que el Mesías, cuando llegue, nadie sabrá de dónde viene».
Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó:
«A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado».
Entonces intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.

 

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Catena Aurea

San Agustín, in Ioanem tract. 28

Podría suceder que algún fiel de Cristo se escondiese para que no le encontrasen sus perseguidores y para que no se le imputase como crimen el haberse escondido. Sucedió antes en la Cabeza lo que después se confirmaría en los miembros. Por esto dice: «Y después de esto andaba Jesús por la Galilea, porque no quería pasar a la Judea.
 

Beda

Esta unión de palabras es de tal naturaleza, que en ella debemos comprender que pudieran realizarse y suceder muchas cosas entretanto. Porque la Judea y la Galilea son provincias de la Palestina. La Judea se llamaba así por la tribu de Judá; se llamaba también Judea, además de la que comprendía la tribu de Judá, aquella otra región que poseía la tribu de Benjamín, aunque de la tribu de Judá procedían los reyes. Y se llama Galilea, porque engendra un pueblo parecido a la leche, esto es, blanco: gala en griego, quiere decir lac en latín, que significa leche.
 

San Agustín, ut sup

Y el Señor dijo esto como no pudiendo andar entre los judíos, para no ser muerto por ellos, mas demostró su poder cuando quiso; aunque daba ejemplo a nuestra debilidad, El no había perdido su poder.
 

Crisóstomo, in Ioanem hom. 47

Pero debemos decir que daba a conocer lo que era propio de la divinidad y lo que era propio de la humanidad, toda vez que huía de sus perseguidores como hombre, y aparecía ante ellos como Dios, siendo así que era una y otra cosa.
 

Teofiactus

También se había retirado ahora a la Galilea, porque aún no había llegado el tiempo de su pasión. Por cuya causa creía inútil permanecer entre sus enemigos, excitándolos más al odio; con este motivo se explica a continuación el tiempo en que esto sucedía, cuando añade: «Y estaba próxima la fiesta de los judíos, llamada de los Tabernáculos 1«.
 

San Agustín, ut sup

Todos los que han leído las Sagradas Escrituras saben lo que quiere decir skenopegia. Hacían los judíos para aquella fiesta de los Tabernáculos unas tiendas de campaña, a imitación de aquellas en que habitaron cuando luego de sacados de Egipto peregrinaban por el desierto. Celebraban con este motivo aquel día de fiesta en memoria de los beneficios recibidos del Señor, aquellos mismos que se proponían matarle.

Nota

  1. Una de las fiestas mayores de los judíos en la que los hombres deberían viajar al templo de Jerusalén (ver Ex 23,14-19). Se desarrollaba según los años en los meses de setiembre u octubre.

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San Agustín, ut sup

Subió, en realidad, no para gloriarse de una manera temporal, sino a enseñar algo que fuera provechoso, hablando sobre la fiesta eterna.
 

Crisóstomo, in Ioanem hom. 47

Puede decirse también que subió, no para padecer, sino para enseñar a otros. Y subió de oculto, porque aunque podía subir en público y contener su furor, como en otras ocasiones había hecho, no quería hacer esto continuamente para no evidenciar su divinidad, con el fin de que así fuese mejor conocida la realidad de su encarnación, y nos enseñase a practicar la virtud. Y para que sepamos qué es lo que nosotros debemos hacer cuando no podemos detener a nuestros perseguidores, quiso subir de oculto. Y no dijo de oculto, sino casi de oculto, dando a conocer que hacía esto así para nuestro ejemplo, porque si obrase en todas las cosas como Dios, no podríamos saber cómo convendría obrar cuando caemos en algún peligro.
 

Alcuino

Acaso subió el Señor de oculto porque no busca el favor de los hombres, ni se complace en las pompas de los cortejos populares.
 

Beda

Hablando en sentido místico, se da a entender que el Señor permanece en Galilea, por todos aquellos hombres materiales que buscan la gloria humana, porque Galilea quiere decir transmigración hecha (esto es, en sus miembros) que pasan de los vicios a las virtudes, y progresan en éstas. Y así, poco después subió el Señor, porque los miembros de Jesucristo no buscan la gloria de esta vida ( Sal 44), sino la de la eterna. Y en secreto sube el Señor, porque toda su gloria es interior, esto es, nace de un corazón puro, de una conciencia limpia y de una fe no fingida ( 1Tim 1,5).
 

San Agustín, ut sup

Mas cuando sube de un modo oculto, quiso dar a entender algo; porque todas las cosas que se le habían comunicado al antiguo pueblo de Israel fueron sombras de lo que habría de suceder, y la fiesta de los Tabernáculos también era una sombra de las fiestas que más adelante se celebrarían. Y en verdad que todo lo que era figura se nos da a conocer por medio de la realidad. Subió, pues, de oculto, para significarnos que también El estaba oculto. Jesucristo se ocultaba en el mismo día de fiesta, indicando que aquel día festivo los miembros de Jesucristo habrían de peregrinar. La scenopegia era, en verdad, la celebración de los Tabernáculos.

Prosigue: «Y los judíos le buscaban el día de la fiesta, y decían: ¿En dónde está Aquél?»

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Crisóstomo, ut sup

Deseando el Señor hacer más atentos con su tardanza a los que le oían, no subió los primeros días, sino cuando estaba la fiesta a la mitad. Por esto sigue: «Y al medio de la fiesta, subió Jesús al templo», etc. Y entonces, los que lo buscaban en los primeros días, viéndolo presente de repente, prestaban más atención a sus palabras, tanto los que decían que era bueno, como los que decían que era malo, los primeros, en verdad, para ganar algo y admirarse; mas los segundos con el fin de encontrar ocasión para prenderlo.
 

Teofiactus

Porque al principio de la fiesta se fijaban más bien en lo que atañía a la misma fiesta, y de aquí el que después oían a Jesucristo con más atención.
 

San Agustín, in Ioanem tract. 28

Se comprende que aquella festividad duraba muchos días, y por esta razón dice: «Y al medio de la fiesta», esto es, que faltaban tantos días para que concluyese la fiesta cuantos habían pasado ya; y así se cumplía lo que había dicho: «Yo no subo todavía a esta fiesta», esto es, en el día que vosotros queréis, al primero o al segundo; pero subió después, cuando la fiesta se encontraba a la mitad.
 

San Agustín, de quest nov et testam qu 78

Y subió entonces, no a la fiesta, sino a ilustrar. Porque ellos habían subido como a gozar de las delicias de las fiestas; pero en verdad el día de fiesta fue para Jesucristo aquél en que redimió al mundo por medio de su pasión.
 

San Agustín, in Ioanem tract. 29

Aquel que antes se escondía, ahora enseñaba y hablaba en público, y sin embargo no era detenido. Cuando se ocultaba, lo hacía para ejemplo, y cuando hablaba, para mostrar su poder.

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San Agustín, in Ioanem tract. 31

Ya se ha dicho antes de ahora, que el Señor había subido de oculto a la fiesta, no porque temía ser detenido, puesto que tenía poder para evitarlo, sino para dar a entender también que se ocultaba en el día mismo de la fiesta que celebraban los judíos, y que esto encerraba su misterio. Mas ahora aparece el poder que antes se consideraba como cobardía: hablaba en público en el día de la fiesta, de tal modo que las gentes se admiraban. Por esto sigue: «Y decían algunos de los de Jerusalén», etc. Sabían que se le buscaba con mala intención, y se maravillaban pensando en virtud de qué poder no era aprehendido.
 

Crisóstomo, in Ioanem hom. 49

Y añadió el evangelista, «de los de Jerusalén», porque los que habían presenciado mayor número de milagros eran precisamente los que creían menos, puesto que viendo la señal más evidente de la divinidad de Jesucristo sometían todas las cosas al parecer de sus príncipes corrompidos. ¿Y no era una gran señal de esto, que estando furiosos y buscándolo para matarlo, lo tuviesen en sus mismas manos y de pronto se calmasen?
 

San Agustín, ut sup

Por tanto, no conociendo claramente el poder de Jesucristo, lo creyeron efecto de la ciencia de sus príncipes, que lo perdonaron porque conocieron que era el Cristo. Por esto añade: ¿Por ventura han reconocido los príncipes que éste es el Cristo?
 

Crisóstomo, ut sup

Mas aquellas gentes ni aun se someten a la decisión de sus príncipes, sino que aceptan otro parecer erróneo y digno de su propia locura. Por esto añade: «Mas éste sabemos de dónde es: y cuando viniere el Cristo ninguno sabe de dónde sea», etc.
 

San Agustín, ut sup

Esta opinión nació entre los judíos, y no sin fundamento; sin embargo, encontramos que las Escrituras dijeron, hablando de Cristo, que se llamaría Nazareno ( Mt 2,23). Luego habían predicho de dónde vendría. Además, los judíos dijeron a Herodes cuando lo buscaban, que el Cristo había de nacer en Belén de Judá, y citaron el testimonio de los profetas. ¿De dónde nace ahora esta opinión entre los judíos, de que cuando venga el Cristo nadie sabrá de dónde procede? Porque las Escrituras habían dicho lo uno y lo otro; en cuanto hombre, predijeron de dónde nacería; pero en cuanto Dios, se ocultaba a los impíos y buscaba a los buenos. Sin duda formaron esta idea porque habían leído en Isaías: «¿Quién podrá contar su generación?» ( Is 53). Pero el Señor contestó a una y a otra cosa, tanto a los que sabían de dónde había venido, cuanto a los que no lo sabían. Por esto sigue: «Y Jesús alzaba la voz en el templo, enseñando y diciendo: vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy». Lo cual quiere decir: sabéis de dónde he venido, pero no sabeis de dónde procedo, sabéis de dónde he venido porque soy Jesús de Nazaret, cuyos padres también conocéis. En este asunto sólo se les ocultaba el parto de la Virgen, a excepción de lo cual sabían todo lo que afectaba a Jesús en cuanto hombre. Por esto dijo, con mucha razón: «Y vosotros me conocéis, y sabéis de dónde soy»; esto es, en cuanto a la humanidad y a la forma de hombre que tenía. Pero en cuanto a la Divinidad, dijo el Salvador: «Empero, yo no vine de mí mismo, mas es veraz el que me envió».
 

Crisóstomo, ut sup

Por medio de ello les revela lo que ellos pensaban. Como si dijese: no soy de aquellos que han venido a este mundo sin causa, sino que es veraz el que me ha enviado; y si es veraz, me ha enviado en verdad, y el que ha sido enviado debe ser también veraz. Además los convence con sus mismas razones, porque decían: cuando venga el Cristo, ninguno sabrá de dónde procede; y en esto manifiesta que El es el Cristo, porque ha venido del Padre, a quien ellos no conocen; y por esto añade: «A quien vosotros no conocéis».
 

San Hilario, De Trin 1,6

¿Pues no es verdad que todo hombre, aunque por la carne no nace de Dios, según el espíritu, conforme todos creen, procede de Dios? ¿Y cómo dice que los que le oyen no pueden saber de dónde procede, si no se entiende con esta palabra «de dónde» el autor de su naturaleza? Porque aquellos cuya procedencia se ignora implica por este sólo hecho la manifestación de su naturaleza; El que procede de la nada, no puede ignorarse de dónde viene, y al conocerse que de la nada viene, ya no tiene la ignorancia de su origen. Es desconocido lo que El es en sí, en cuanto que se ignora de dónde procede. No dice que es Hijo suyo aquel que niega que ha sido de El, ni comprende que no ha nacido aquel que cree que procede de la nada.
 

Crisóstomo, ut sup

El Señor llama ignorancia aquí a lo que revelan las obras, como dice San Pablo: «Alardeando que conocen a Dios, y le niegan en sus obras». Por esto, los reprende en dos sentidos: en primer lugar porque hablaban en secreto, esto lo dice en público y lo dice en voz alta para avergonzarlos.
 

San Agustín, ut sup

Por último, para manifestarles cómo podían conocerlo, añadió: «Yo le conozco»; por tanto, preguntadme y así le conoceréis: porque no conoce al Padre nadie más que el Hijo y aquél a quien el Hijo quiera darle a conocer, como dice por medio de San Mateo. «Porque si os digo que no le conozco, seré mentiroso como vosotros».
 

Crisóstomo, ut sup

Lo cual es imposible, porque si es veraz el que me envió, también debe serlo el que ha sido enviado; en todas ocasiones reivindica para sí solo el conocimiento del Padre, porque es del Padre. Por esto sigue: «Yo le conozco, porque de El soy».
 

San Hilario, ut sup

Y pregunto si da a conocer que sea de El por creación o por generación; porque si es por creación, también todo lo que ha sido creado viene de Dios. ¿Mas cómo es que todas las cosas no conocen al Padre, siendo así que el Hijo lo conoce por lo mismo que es de El? Si, pues, es propio de Aquél, porque es del Padre, el conocerle, ¿cómo no lo será también de Aquel que inmediatamente es de El, esto es, del que participa de la naturaleza de Dios como su verdadero Hijo? Tiene, pues, la propiedad del conocimiento, como consecuencia de la propiedad de la generación. Sin embargo, con el fin de que la herejía no tomase argumentos del tiempo de su venida, añadió a continuación: «Y El me envió». Conservó así el orden del misterio evangélico, diciendo que había nacido y que había sido enviado.
 

San Agustín, ut sup

Dijo además: De El mismo soy, como un Hijo de su Padre; y aunque me veis vestido de la humanidad, El me ha enviado. En ello no debemos ver la diversidad de naturaleza, sino la autoridad del generador.
 

Crisóstomo

Los judíos se incomodaron cuando oyeron decir al Señor: «A quien vosotros no conocéis», porque aparentaban que le conocían. Por esto sigue el evangelista: «Y le querían prender», etc. Y véase aquí refrenado de una manera invisible el furor de los judíos. Pero el evangelista, queriendo hablar con más suavidad y humildad, con el fin de que se conociera por esto que Jesucristo era hombre, no dijo que los detuvo de una manera invisible, sino que añadió: «Porque todavía no era llegada su hora».
 

San Agustín

Esto es, porque no quería, porque Dios no nació bajo el influjo del fatalismo. Esto ni aun del hombre debe creerse; ¿cuánto menos respecto de Aquél por quien ha sido hecho? Si nuestra última hora depende de su voluntad, ¿qué otra cosa es su hora sino su voluntad? No dijo en la hora en que se vería obligado a morir, sino en la que se dignaría dejarse matar.

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