Ese es el ámbito, el de la cultura, donde tenemos que entablar la lucha.
Cultura viene de cultivo. El cultivo de la tierra, de la tierra del alma humana para los que tenemos una concepción —antropología— del ser humano como naturaleza espiritual, trascendente, que sobrepasa lo espacio-temporal, es decir, la materia, a la que nos quieren reducir los de la cultura woke, es decir, los materialistas del marxismo cultural. Hay un proyecto de deconstrucción antropológica.
Contra viento y marea los cristianos estamos llamados a levantar la voz de esta bandera: la de la cultura de un ser grandioso, creado para la eternidad, inmortal, sagrado, hijo de Dios.
Los cristianos no podemos permanecer callados, dejando el espacio social en manos de quienes reducen al ser humano a su mínima expresión, un avatar de la materia. El cristiano ha de dar la cara, aunque se la partan; tal y como hizo su Maestro. El que esto ocurra es buena señal. Ser perseguidos por ser sirgos de contradicción en medio de un mundo que ha reducido al ser humano al nivel de la materia, sin alma, sin conciencia responsable, sin verdadera libertad, sin mayor dignidad que el ser una cosa entre otras, con su misma caducidad.
En este momento hacemos una especial referencia a lo que está ocurriendo en España con arreglo a la educación de los hijos y la responsabilidad de los padres…, tan entredicho por la actuación de la clase política. Prácticamente, ante las palabras de la ministra de cultura, solo los ambientes cristianos (el secretario de la Conferencia Episcopal, Mons. Luis Argüello, y algún otro obispo —Munilla, Sanz Montes—, alguna asociación de alumnos católica, algunos —muy muy pocos periodistas— católicos, y de los medios, los prácticamente únicos altavoces que se han tomando verdaderamente interés por la potencia de este asunto han sido las páginas web de extracción religiosa, cristiana y más concretamente católica.
¡Gracias a Dios, sus fieles seguidores más piadosos están a la altura de las circunstancias…!
Aquí se ve lo que profetizara Chesterton: «Al final la Iglesia será la única que quedará en defensa del hombre«,
Los cristianos no nos podemos ausentar de confrontar esta desgraciada cultura antihumana, sin más grandeza que el de satisfacer codiciosamente los deseos, sin discriminación, sin conciencia de bien o mal…, cada vez más imperante. Los cristianos estamos llamados a ser luz del mundo, no a desaparecer, ocultando… Hemos de pertrecharnos de argumentos, de hechos, de valor, de oración, de la gracia de la Eucaristía, para dar testimonio según el Espíritu del Evangelio.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

