Mira que la Iglesia española es pacata, callada cual muda, ausente o muerta, habiendo infinidad de cuestiones en las que meter baza, es decir, abrir la boca para denunciar o ser voz crítica sobre la marcha o no marcha de una más que difunda social enferma moralmente hablando —y no tal moral, sino en cualquier otro plano: cultural, intelectual, laboral, enseñanza, desigualdad, etc., especialmente referenciados a la juventud—; pues, nada que a pesar de ese mutismo por no molestar (y para que no la molesten), ¡zasca!, los fogoneros de las bodegas de donde proceden las tinieblas comienzan a esparcir a una todo tipos de humos tóxicos contra todo lo haga a la Iglesia y al catolicismo español.
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