La Santísima Trinidad es un insondable Misterio de Amor…, que desborda infinitamente nuestra capacidad de comprensión. Así nos lo dice de forma plástica san Agustín a través de una anécdota.
***** Un día San Agustín paseaba por la orilla del mar, dando vueltas en su cabeza a muchas de las doctrinas sobre la realidad de Dios, una de ellas la doctrina de la Trinidad. De repente, alza la vista y ve a un hermoso niño, que está jugando en la arena, a la orilla del mar. Le observa más de cerca y ve que el niño corre hacia el mar, llena el cubo de agua del mar, y vuelve donde estaba antes y vacía el agua en un hoyo. Así el niño lo hace una y otra vez. Hasta que ya San Agustín, sumido en gran curiosidad se acerca al niño y le pregunta: —Oye, niño, ¿qué haces?» —Estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo —respondió el niño. —Pero, eso es imposible. Y el niño añadió: —Más imposible es tratar de hacer lo que tú estas haciendo: Tratar de comprender en tu mente pequeña el misterio de Dios. *****
«El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la «jerarquía de las verdades de fe» (DCG 43). «Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos» (DCG 47).» «La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los «misterios escondidos en Dios, que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto» (Cc. Vaticano I: DS 3015. Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón e incluso a la fe de Israel antes de la Encarnación del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo.»
Nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 228 y 229), respecto la Santísima Trinidad.
..ooOoo..
¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como era en un principio, ahora y siempre!
..ooOoo..
Intercedamos especialmente por los contemplativos, en su día. A ellos les debemos mucho, son un pilar fundamental para la Iglesia y la Humanidad. Ellos son el oxigeno para un mundo que se asfixia. ……….. Materiales para la Jornada Pro Orantibus 2019, de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada: https://www.conferenciaepiscopal.es/wp-content/uploads/2019/05/2019_ProOrantibus_Folleto.pdf |
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

