Espiritualidad pervertida

pixabay

San Esteban, el protomartir o el primer mártir después de Jesucristo, decía al final de su martirio, mientras lo apedreaban: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (Hechos 7,59); tal y como el Señor, a punto de expirar en la cruz, decía: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu(Lc 23,46).

En un anterior artículo titulado Somos fundamentalmente espíritu, afirmábamos lo que tantos amigos del materialismo y ateístas tratan de negar: que el ser humano está llamado a la eternidad, pues por ser espíritu creador por el Espíritu Eterno y Creador, a su imagen y semejanza, no concluye en esta vida sino que se proyecta más allá de las estrechas coordenadas de especio-tiempo en el que actualmente nos desenvolvemos.

En su soberbia ignorancia e irresponsabilidad, estos negacioncitas de lo más genuino y principal de los seres humanos su espíritu inmortal, indestructible. Tal concepción es de una gravedad fundamental, pues modifica radicalmente la visión de la vida y la estima hacía las personas humanas. Esta negación de la espiritualidad como la que la acompaña la del Espíritu Creador, Dios, supone un estar en la existencia de otra manera: no es lo mismo -poco más o menos-, en cuanto a la valoración de su dignidad y la dimensión de su grandeza, ser un animal más entre otros animales o una cosa entre otras cosas finitas y sin mayor relevancia. Esto altera -en doble sentido- el respeto que merece cada persona humana y a la vez la responsabilidad de ella misma.

Jamás podrá ser lo mismo un ser llamado por el Dios Padre, al que ha creado por amor, para vivir plenamente en santidad y felicidad eternas, que un ser carente de esta grandeza.

Dejando a un lado la concepción negacionista, centrémonos en aquellos otros que no niegan estrictamente el espíritu humano sino que lo pervierten. Es decir, que desbordados por esa realidad que no se puede reprimir y que pese a que se le eche grilletes a base de activismos asfixiantes, de luchas y ambiciones de poder, de logros, placeres, etc., no se deja acallar y anular totalmente y que hay momentos en que se manifiesta reclamando atención; ante ello, ante esta realidad insoslayable, irrumpen infinidad de alternativas que pretenden dar cauce y respuesta a ese torrente vital interior.

El Espíritu Divino, Dios, se ha puesto en contacto con su creaturas, desde los orígenes, para velar por su bien. Estas criaturas elevadas sobre dos pies son resultado de su voluntad amorosa, en cuanto a tu origen, desarrollo y finalidad: ser sus hijos y participar de la felicidad eterna, con él en su Gloria. Por lo tanto, el ser humano se halla religado a Él, de ahí que tenga Religión. Ahora bien, esto pude ser negado -como hemos mencionado anteriormente- o pude ser pervertido.

Aquí en esto último parecen todas esas corrientes encabezadas -o incluidas- por la New Are: las sectas, el yoga, el reiki, el espiritismo, el esoterismo, la brujería, las diversas mancias… Que bajo apariencia de nobles e inocentes actividades que potencia la realidad espiritual de la persona, con capacidades extrasensoriales…, lo que provocan -y hay en el fondo- es un alejamiento de la verdad; ya no niegan, mienten. Abren las puertas e invitan a la presencia en sus vidas al seductor o padre de la mentira, a Satanás y a las demás entidades demoniacas, para que ejerzan su influencia sobre ellas y el mundo.

Entre los que niegan la dignidad de la espiritualidad humana como entre los que la pervierten, en realidad, no hay mucha distancia.

ACTUALIDAD CATÓLICA