El quebrantamiento de la Ley Natural

La Ley natural está fundamentada en la esencia misma del hombre y de las cosas. Su autor es Dios como creador de la Naturaleza.

Derecho Natural es el conjunto de leyes perfectas e invariables, establecidas por el orden natural (sin intervención humana) que les indica a los seres humanos lo que es bueno y equitativo; su fundamento es superior a la voluntad de las personas.

Su desobediencia o rebeldía puede traer graves consecuencias. De modo que se da una forzosidad moral y una responsabilidad.

Hoy día, después de miles de años de historia humana, se niega la existencia de una ley natural. Explicitada e intelectualmente asumida por la filosofía clásica y realista, a través de razonamientos lógicos y de la experiencia diaria y la constatación de su evidencia en todo tiempo y lugar.

Las negación de la ley natural, niegan también la existencia de una naturaleza humana común a todos los hombres, fundamento de todos derechos inherentes a la persona, inalienables, inmutables e necesariamente indispensables. El natural es el que “es común a todos los pueblos y existe en todas partes por el simple instinto de la naturaleza, y no por ninguna promulgación legal” (San Isidoro de Sevilla).

El esfuerzo descomunal de todos los medios por atacar el orden propiciado por la ley natural es asombroso. La negación de esta, su aniquilación de la vida de los hombres es un hecho que jamás había ocurrido algo semejante en la historia de la humanidad. Ningún pueblo, civilización o tiempo había socavado esta verdad inconmovible; ahora, sí.

De esta negación se derivan graves consecuencias. Consecuencias -que nadie se engañe- son los frutos amargos, dolorosos, perversos… que se están ya recogiendo.

Es un hecho parangonable a la rebeldía de los primeros padres en los orígenes de la existencia humana, donde la rebeldía contra la voluntad de Dios propició la pérdida de inocencia y la apertura a la intervención del Maligno en la historia de los seres humanos. Esa desobediencia al orden natural establecido e inherente en cuanto a nuestra condición de los seres que somos, es un intento por recrear la Creación; es decir, pretender ocupara el lugar de Dios, para que allí donde fuimos creados a “imagen y semejanza” de las personas divinas seamos ahora recreados -construidos- a “imagen y semejanza” del capricho humano.

La desaparición de la ley natural supone someter la vida en la tierra a la tiranía del capricho más disparatado, loco y peligroso del ser humano, el cual no se ajusta a los parámetros del orden constituido según el cual ha de funcionar, es decir, según su esencia de ser. De no comportarse así, de no ajustare a lo que es, “sencillamente” deja de ser lo que es para ser otra cosa: algo desconocido, sin nombre, una nueva especie…; en cualquier caso, seguro, un monstruo, que nos deparará grandes sorpresas, y sin duda en sentido negativo.

Como aquella rebeldía de Adán y Eva -el pecado original- trajo gravísimas consecuencias, hoy ocurre lo mismo. Obsérvese el casos, la naturaleza no existe, su orden va contra lo que ellos aspirar: el totum revolutum, la entropía y el desmadre generalizado, es decir, el que el mundo se vuelva loco, invivible. Se está dando apertura a una mayor participación de las fuerzas del mal, de modo que la tierra cada vez se está llenando de tinieblas y cayendo bajo el poder del Maligno. Y cuando esto sea un hecho consumado, la tierra se convertirá en un infierno.

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