Según el evangelio de hoy (Jn 6,44-51), Jesús dice de sí: «Yo soy el pan de vida«, «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.»
Son palabras inimaginables… Solo a Dios se le puede ocurrir algo así. Es el don de sí, en quien la vida se sustenta, ahora y para siempre. «El pan que yo daré es mi carne». Ante la presencia del Pan Eucarístico es ser humano se define: «el que cree tiene vida eterna.» San Juan en la última cena no menciona sorprendentemente la consagración eucarística, y al contrario de los otros relatos evangélicos que si lo narran; Juan lo hará en el contexto de gentío de la multiplicación de los panes y peces, universalizando la eucaristía, el alimento de pan vida, su cuerpo, a toda la humanidad. Son infinidad de hechos milagrosos (hostias incorruptas, sangrando, con el rostro de Cristo, realizando milagros de todo tipo -ver aquí-, etc.) en que epifánicamente han puesto de manera sensible, para duros que no creen si no ven (como Tomás), la presencia real de Dios en las especies eucarísticas (pan y vino). Mirando en la imagen la mirada del santo Padre Pío, se adivina en ella la presencia divina que contempla ahí mismo. Sobran la palabras. Nadie mira así.
Lectura del santo evangelio según san Juan (6,44-51): En aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
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