![]() «Que cada uno se revista de sentimientos de humildad para con los demás, porque Dios se opone a los orgullosos y da su ayuda a los humildes» (1Pd 5,5b).
***** Hace mucho tiempo, un sargento de un batallón insultaba y reprendía fuertemente a los soldados, que no podían sacar un vehículo atascado en el fango. En ese momento se presento un señor de figura alta y delgada. Observo la situación y preguntó al sargento por que no ayudaba a los soldados. —¿Por que he de hacerlo? Yo soy el sargento? — contestó con altanería. Sin perdida de tiempo, el hombre recién llegado, alto y flacucho, se quito la chaqueta y se unió a los soldados en la dura faena de sacar el vehículo del lodazal en que estaba sumergido. Terminada la tarea, ese hombre se lavó las manos en un pozo de agua, se puso la chaqueta y dijo al sargento: —Cuando usted necesite de mi ayuda, le ruego llamarme, que con mucho gusto le ayudare. —¿Y quién es usted? —le pregunto el sargento —Yo soy Abraham Lincoln, presidente de la Nación.
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Existen esos hombres que, con sus acciones, aún ostentando una posición cimera, no dudan en servir a los de más baja posición, sin necesariamente tener que humillarlos con ello. Mas bien llevan un mensaje de grandeza, porque el hombre se eleva mas precisamente cuando esta de rodillas.[1]
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