El mandamiento del amor

Hoy en la liturgia de la misa se lee este evangelio en que Jesús nos expresa enfáticamente su voluntad de que -ante todo- amemos. (Además de evangelio de hoy, citamos también el de mañana y pasado, para ampliar y enriquecer el sentido de este mandato de amor del Señor para todos nosotros).

El amor es el que sostiene nuestra vida, la cual surgió de la Vida, que existía desde el principio (Cf. 1 Jn 1,1-2), por puro amor; pues como revela la Escritura: «Dios es amor» (1 Jn 4,8). Él vive en sí mismo la plenitud de la comunión como Trinidad, y rebosa este amor sobre sus criaturas. A cuantos le acogen, les da el poder de convertirse en hijos suyos (cf. Jn 1, 12; 1 Jn 3, 1), haciéndonos capaces de amar con su amor, que fluye por nuestras venas del alma. «Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.» (1 Jn 4 ,7-8).

Jesucristo pone especial empeño en que nos conduzcamos según su voluntad que no es otra que la de que amemos. En la medida que amamos, según él, «como Yo os he amado». Le amamos, pues en el amor se manifiesta la vida y a su vez cumplimos su voluntad, en la cual se plasma en amor que le tenemos.

Jesús insiste en el término permanecer, permanecer en Él, en su amor. En la media que amamos estando en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo, en esa misma medida somos capaces de amar y amamos a Dios. El permanecer aparece por Tres veces nos dice hoy Jesús en el Evangelio: “permaneced en mi amor”. El evangelista utiliza la forma imperativa, por lo que no es un consejo, sino una orden. Es una exigencia para que tengamos vida en la Vida. En un versículo anterior Jesús había dicho: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.» (Jn 15,5). Aquí se comprende en su justa dimensión lo que supone permanecer en comunión con Jesús; de tal forma que si no hay esta íntima unión, amistad, la Vida -la gracia- que debería correr por nuestras «venas» no producirá fruto, como la savia por los sarmientos; de no ser así la vida languidece y se seca.

A su vez este amor pone de manifiesta su origen, testifica: «La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros».

Esto es serio. Jesús insiste machaconamente en que amemos según Él. Este mandamiento ha salido de la mismísima Trinidad: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo».

 

Dúa de hoy: Lectura del santo evangelio según san Juan (15,9-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

 Día de mañana: Lectura del santo evangelio según san Juan (13,31-33a.34-35):

Cuando salió Judas del cenáculo, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también entre vosotros. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros.»

 Día de pasado mañana: Lectura del santo evangelio según san Juan (14,21-26):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; al que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Le dijo Judas, no el Iscariote:
«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo:
«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo,
que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».

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