Esta es la realidad más evidente del grado de inmoralidad profunda en que nos encontramos: que ante el respeto a la vida de una persona —o incluso, apurando al extremo por los negacionistas y proabortistas, ante la existencia de un ser que está siendo— se opta por asignar un derecho a destruir…
Todo ello —tal disparate y aberración, que linda con la brutalidad consentida— es simplemente por complacer la irresponsabilidad y el bienestar de la persona embarazada ante el brete o las posibles dificultades y complicaciones que pueda suponer la llegada de una persona nueva a su vida. Ante este «problema», lo preferible es hacerlo desaparecer, al coste que sea. Para ello, si se cuenta con el respaldo de las leyes, la asistencia del Estado y es socialmente admitido, la exoneración libertadora de toda acusación en conciencia deja a quien aborta «perfectamente tranquilo».
En fin, que así es: al igual que antaño (hasta nada menos que el siglo XVIII) se veía correcto, bien, el hecho de la esclavitud; de igual manera esta irracional acción destructiva de una vida —que es lo que supone el aborto en cualquier momento— queda admitida como algo loable, un derecho conquista, como algo que cualquiera puede ejercer —o ejecutar—.
Se está tramitando un Informe que presenta aborto como «derecho» en el Parlamento Europeo. Según la Federación One Of Us el informe Matic «carece de todo rigor profesional», «no defiende los derechos humanos porque el aborto no es un derecho humano» y «extralimita las competencias de la Unión Europea». La votación de este informe, se estima que podría en la sesión plenaria que se celebra los días 23 y 24 de junio.
Al menos -gracias a Dios, y a los provida, que amén de salvar vidas concretas, sensibilizan a la sociedad-, se va abriendo camino una toma de conciencia sobre este «crimen consentido». En este sentido pueden leer la noticia de Gaudium Press, que, según el más reciente estudio realizado por el grupo demoscópico Gallup: «Dos tercios de los americanos apoyan restricciones totales o parciales al aborto«.
Y en caso extremo, ¿por qué no tenerlo y donarlo? Las tres —ya no solo dos— partes saldrían beneficiadas: la víctima y la ejecutora (dos vidas que se salvarían, ésta de la herida mortal en el alma) y los nuevos padres.
En otros tiempos, no estos tan progres, la salida de tener la criaturita y depositarla en una «casa cuna» era más noble y elevada, que lo que no proponen estos tiempos de materialismo egoísta.
Y un último comentario: no deja de sorprendernos estos progres abortistas, ¡tan sensible, exquisitos y finolis activistas reivindicadores de la naturaleza, la ecología, los animales de toda especie, etc., y en esto del ser humano, nada! ¡Qué raro! ¿A qué se deberá? ¿Qué fuerzas operan en sus almas para semejante desequilibrio? Ah, y luego, en cima, se tienen por no se qué superioridad moral.
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