El aborto, el temor a la verdad

El temor al latido del corazón, el temor a la información, el temor a ver…, el temor a tomar conciencia. En definitiva, a la verdad, a que sea una vida humana contra la que se atenta; temor a reconocer que sea un ser humano, un bebe y no un trozo de carne, al que no se tiene derecho a eliminar.

Al ser que se lleva en el vientre no se le quiere reconocer ningún derecho, tan solo los de la mujer que aborta.  Se trata de exculpar a quien pretende liberarse de la responsabilidad de la supuesta carga que supone la nueva vida de la que se tiene que hacer cargo. Es un crimen que se comete por simple conveniencia.

El temor a reconocer que la vida que late en el seno matero sea alguien. Esa es la cuestión  fundamental.  

En este sentido, el saber, amén de la revelación religiosa (vean: Por Dios, provida y contrario al aborto y a la cultura de la muerte), la reflexión de la gente sabia y el conocimiento que cada vez más aporta los avances científicos, se va abriendo paso la conciencia de que esa vida lo es.

Según estadísticas, el 40% de los que oyen el latido y la ecografía deciden no abortar; a las que se suman las que por la ayuda de los provida han dejando de hacerlo. A esto si se prestara la ayuda necesaria, institucional, para sacar al hijo adelante en quien se encuentra en situación difícil, seguramente que la gran mayoría de abortaría.

Las izquierdas materialistas y las derechas antihumanas -progres ellos- han establecido el abortar en un derecho. Se les llena la boca con el discurso de los derechos de la mujer…, la lucha feminista, la liberación de la mujer… etc. Para esta gente el derecho del nasciturus no existe, no es nada. Ahora sí, la cría de cualquier animal, como el huevo del urogallo, la cigüeña, el águila, etc., tiene más mayor reconocimiento y derecho a la vida que la humana.

Otra cosa más, está «prohibida» la foto de un aborto, y en cambio, los animalistas y demás, exhiben en sus reivindicaciones fotos e imágenes de animales maltratados. ¿Por qué? ¿Acaso se quiere ocultarla cruda realidad, la verdad horrorosa de la realidad evidente, que salta a los ojos, de un ser humano troceado?

Los de la cultura (y mercado) de la muerte tratan de tapar, como sea, el debate de esta realidad, y no dan otras respuestas distintas al embarazo imprevisto; para que la madre (y padre) afectada no tome la determinación de sicáriamente acabar con la vida que lleva en su seno. Cabe sin duda, la alternativa a que no se aborte posibilitando todo tipo de ayuda durante el embarazo, y después, si se persiste en la idea de deshacerse del niño nacido, darlo en adopción, con lo que además, se haría tanto bien a quien está a la espera de adoptar.

Hay que ofrecer otras salidas que la del aborto. Esto es responsabilidad de los gobernantes de una sociedad, que por ahora está bastante insensibilizada.  Este es un dato fehaciente:   el 83% de las mujeres que acuden a la Fundación Provida Red Madre, que ofrece ayuda a la mujer para que tenga a su hijo… no abortan.  En Madrid, su presidenta Isabel D. Ayuso pondrá en marcha un teléfono provida para informar a la mujer embarazada sobre las consecuencias el aborto y las ayudas de la que dispone. 

En cuanto a la Iglesia Católica seguro que podría hacer más, mucho más, en defensa de la vida del no nacido. Y como viene a decir el padre Santiago Martín: La oposición de la Iglesia al aborto es clara, pero lleva años diluyendo el concepto de pecado y relativizando la lucha contra él, en una permanente exaltación de la debilidad del hombre (como si no existiera la gracia para transformar en fuerza esa debilidad), de modo que, ante las dificultades, su primer movimiento sea ceder. 

El obispo español Munilla es de los pocos que dan abiertamente la cara y se le ve comprometido de hecho en su posicionamiento pro-vida.

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