Al final de los tiempos, ¿quiénes sobrevivirán y cuántos desaparecerán de la tierra?

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 Las Santas Escrituras dicen:

Sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahvé será salvo, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá supervivencia, como ha dicho Yahvé, y entre los supervivientes estarán los que llame Yahvé. (Joel 3,5).

El Resto del pueblo no será extirpado de la ciudad. (Zac 14,2).

Han sido consumidos los habitantes de la Tierra, y quedan pocos del linaje humano. (Is 24,6).

Sucederá en toda esta tierra ?oráculo de Yahvé? que dos tercios serán en ella exterminados (perecerán) y el otro tercio quedará en ella. (Zac 13,8).

Y fueron soltados los cuatro Ángeles que estaban preparados para la hora, el día, el mes y el año, para matar a la tercera parte de los hombres. (Ap 9,15).

Con las tres plagas perecieron la tercera parte de los hombres, es a saber, por el humo, por el fuego y por el azufre que salía  de sus bocas. (Ap 9,18).

Pero los demás hombres, los no exterminados por estas plagas, no se convirtieron de las obras de sus manos; no dejaron de adorar a los demonios y a los ídolos de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni caminar. No se convirtieron de sus asesinatos ni de sus hechicerías ni de sus fornicaciones ni de sus rapiñas. (Ap 9,20-21).

 

De lo cual se deduce que habrá, aunque no cita otras plagas exterminadoras, aún más exterminados de estos no convertidos, tras el toque de la séptima y definitiva trompeta, con el derramamiento de las temibles siete copas.

 La Tierra se convertirá en un inmenso cementerio. Los cadáveres de los impíos cubrirán la Tierra. Muchas naciones desaparecerán de la faz de la Tierra. La obra del hombre soberbio quedará destrozada y la Tierra arrasada. 

Yo meteré en el fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata y los probaré como se prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: «¡El es mi pueblo!» y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!» (Zac 13,9) 

 

 

De revelaciones extrabíblicas, podemos anotar entre otras muchas:

 

Hermana Agnes Katsuko Sasagawa de la orden de las Doncellas de la Santa Eucaristía. Akita, Japón. De 1973 a 1982 se aparece María, y le anunció:  «Como ya lo había anunciado anteriormente, si los hombres no se convierten, el Padre dejará caer sobre toda la raza humana un gran castigo. Sin duda alguna, éste será un castigo terrible, más grave que el diluvio. Algo que nadie jamás ha visto. Fuego caerá del cielo. Con este castigo, una gran parte de la humanidad será aniquilada.»

Enzo Alocci, campesino, Porto San Estefano, isla del Mar Tirreno. La Virgen le anuncia en 1971 vuelve a anunciar que «habrá tres días de tinieblas durante los cuales de dos terceras a tres cuartas partes de los habitantes del planeta morirán, si los hombres no abandonaban sus errados caminos.»

Beata Ana María Taigi (1769-1837), madre de familia, enriquecida con maravillosos carismas, recibió en siguiente mensaje: «Los castigos de la tierra serán mitigados, pero los del cielo serán universales y espantosos. Millones de hombres morirán por el hierro, sea en la guerra, sea en las luchas civiles; otros millones perecerán de muerte imprevista.»

 Benjamín Solari Parravicini, argentino, católico convencido, realizó por mandato de su ángel de la guarda  y otras «personalidades incorpóreas» más de mil dibujos proféticos (que él llamaba psicografías premonitorias) realizadas a lo largo de su vida entre los años 1936 y 1972. «Después de los tres humos. Buenas partes de la tierra serán terminadas por explosión. Tres partes serán en el caos, mas la cuarta parte será salva y conocerá la cuarta dimensión».  «El demonio será al fin encadenado. El mundo así descansará de la enorme matanza».

Beata sor Maria de Jesus Crucificado (1878),  religiosa carmelita. «Todos los estados se agitarán por la guerra y el conflicto civil. Durante tres días de tinieblas, las personas entregadas a sus caminos depravados perecerán, de tal modo que sólo sobrevivirá una cuarta parte de la humanidad».

María Julia Jahenny (1850-1941),  estigmatizada francesa. «Vendrán estos tres dias de grandes tinieblas. sólo las velas de cera benditas iluminarán durante estas tinieblas. (…)Una nube roja como la sangre, atravesará el firmamento. La tierra temblará desde sus cimientos. El mar lanzará sus espumantes olas sobre la tierra. Las tres cuartas partes de la raza humana perecerán. La crisis vendrá sobre todos repentinamente y el castigo será mundial».

Mamma Rosa, San Damiano, Italia, casada, 3 hijos, pobre y desahuciada por los tres médicos que la trataban. Fue curada por la Virgen. Se le aparece la Virgen y En 1971  le anuncia que «habrá tres días de tinieblas en que todos los perseguidores de la iglesia serán aniquilados, el cielo y la Tierra se acercaran, el fuego vendrá sobre la tierra, el aire se hará pestilente, y morirán las tres cuartas partes de los hombres.»

Conchita Gonzalez, una de la cuatro niñas, San Sebastian de Garabandal, España,  dice hablando de un castigo que sobrevendrá : «El Castigo es tan horrible que no se puede describir, se debe a que Dios, si no escuchamos a su Madre, permitirá una gran tribulación, los que sobrevivan vivirán para Dios ya que parecerá que el mundo es un desierto.» «Pero hay un evento o acontecimiento que muy poca gente ha sabido «colocar», ubicar en el lugar correcto y que se refiere a los 3 días de tinieblas y que viene al final del castigo y no antes ni después sino en medio, ya que es un evento de misericordia por parte de Dios y servirá para que el mundo no acabe aniquilado totalmente».

Madre Elena Aiello, monja estigmatizada italiana, en 1955 tuvo una revelación de la Santísima Virgen:  Mi Corazón está muy triste por los sufrimientos que vendrán sobre el mundo que se bate en una catástrofe inminente. (…) avisen a la humanidad de que el castigo está muy cerca. » «Una tempestad de fuego caerá sobre la Tierra. Este castigo terrible que nunca se ha visto en la historia de la humanidad durara 70 horas. Los ateos serán aplastados y aniquilados y muchos se perderán porque permanecerán en la obstinación de sus pecados. Entonces se verá el poder de la luz sobre el poder de las tinieblas. «. «Durará setenta horas (los tres días de tinieblas). Los impíos serán aplastados y eliminados («dies irae, dies illa»). Muchos se perderán porque permanecen en sus pecados. Entonces se sentirá el poder de la luz sobre las tinieblas».

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Nota aclaratoria:

Hay otras muchas revelaciones privadas —que como tales hay que tomar con las debidas reservas, claro— en que se comunica esta misma realidad a suceder, pero valgan como muestra estas pocas variadas que hemos expuestos, para hacernos tomar conciencia de lo que va a sobrevenir, si no cambiamos.

Aunque que  lo relevado en los textos de las Sagradas Escrituras va a acontecer; lo cierto que la Misericordia divina ha dispuesto, según se nos ha dicho en Fátima, Garabandal y Medjugorje, principalmente: que las oraciones, penitencias y el cambio de conducta posibilitarán el que esta catástrofe se mitigue y reduzca la magnitud de sus consecuencias. Es más, ya por esto mismo, gracias a que hay gente que reza, adora la Eucaristía, hace sacrificios (ayuna a pan y agua), se convierte y cambia, etc.; como se ha anunciado en Medjugorje, una de las plagas contenidas en las trompetas del Apocalipsis habría sido suprimida.

 

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