El evangelio de la misa de hoy, 21 de diciembre, es muy significativo para afirmar la vida en el seno de la madre y condenar el aborto.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-45):
EN aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
«Tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses«, le dijo el ángel Gabriel a María; no le dijo «ha concebido un futuro hijo«, no; es decir, el hijo es ya, desde el instante de ser concebido. No habla de embrión, feto ni de algo y mucho menos de un pedazo de carne adherido al cuerpo de la mujer (del que ella pueda arrancar como si nada…, como si fuera una cosa), sino que le da una consideración y tratamiento de ser humano, de criatura de la especie humana creada por Dios.
Ningún creyente puede considerar el derecho al aborto. Este hermoso texto de la visitación de María a su pariente Isabel queda patente la afirmación de la presencia de dos vidas personales en los vientres de las respectivas madres: una embarazada de poca más de 6 meses y medio, y lo otra, de días. Es un hecho indubitable: dos nasciturus, uno de menos de un mes y el otro de uno de menos de siete meses, es decir, Jesús y Juan Bautista; se encontraron y hubo una conexión entre ellos, por mediación del Espíritu Santo. Este reconocimiento de esas presencias vitales, no de algo sin vida, sin nada personal, habla por sí solo y es más que suficiente, por intervención divina, de la relevancia los seres en el vientre de sus madres.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
EN el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazarat, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
Él ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido en hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, “porque para Dios nada hay imposible”».
María contestó:
«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,39-45):
EN aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa. ( Lc 1,56).
Una de las cosas más sorprendentes es la soberbia de aquellos que afirman con absoluta posesión de la verdad de que el destrozar la criatura que hay en el vientre de una mujer no es nada, aunque tiene forma humana, a los pocos meses late el corazón, tiene forma humana y se remueve dentro con vida; aun así dicen tener la certeza de que eso no es nada. ¡Qué alucinante convicción! No dudan, no les tiembla el pulso, a la hora de aseverar un juicio de esa magnitud.
Algún ateo, cercano a Satanás, podrá estar por el aborto, y aborto como derecho universal, pero un cristiano, jamás. (Que se vayan aplicando el hecho personajes como Biden y Pelosi). Es tremendo que los políticos van más allá en cuestiones de aborto y de ideologías antihumanas, de lo que incluso les demandan sus propios ciudadanos, y que se dediquen incluso a esparcir, promocionando y financiando, es exterminador derecho.
Cuanto menos, para que lo tengan en cuenta aquellos que están del lado de la cultura de la muerte, y que sin embargo se dan de por animalistas, naturalistas, veganos, ecologistas, etc., que el aborto es un acto destructivo, como mínimo.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

