De un debate magnífico sobre la existencia de Dios

            Fernando Aguirre. 

            Como comentaba un científico la posibilidad de que una molécula de DNA resultara diseñada por azar es (ninguna) la misma de que dinamitando una imprenta las letras caigan en orden formando un diccionario enciclopédico completo.

            En la posición agnóstica y relativista, el diseño de tal portento de información fue obra del azar.

            Luciano. Y como es muy difícil que tal molécula se haya creado de forma azarosa, ¡pues ya está! Fue Dios. ¿Es así?

 

            Galileo. Fernando, muy buena tu respuesta. Resulta impresionante las cifras que se manejan. Ahora, Fernando, eso es lo único que demuestran: que son unas cifras impresionantes, nada más. El resto lo ignoramos, y de la ignorancia no se puede -no se debería- extraer ninguna consecuencia. Esa es la cuestión.

 

            Fernando Aguirre. Monod lo llamaba azar, aunque no logró explicarlo. Se supone que el caldo primigenio se recombinó durante millones de años hasta dar una molécula de ADN. Aunque como dijo un escéptico (hay creyentes escépticos también): si revolvemos millones de años una sopa lo único que vamos a obtener es una sopa muy vieja. 

            Y en cuanto a que eso pudo suceder por selección natural, observo: hasta que no hubo ADN (una molécula capaz de autorreproducirse) no comenzó la selección natural biológica. Así que no me digan que fue por selección natural. De cualquier manera la selección natural está en el plan general del Universo y no es un argumento contra la existencia de Dios… repito lean a Theillard de Chardin. O si quieren algo más actualizado a conocimiento científico de última generación lean a Juan Luis Segundo (recomiendo “¿Qué mundo, qué hombre, qué Dios?”). Una frase de él: no todos los buenos científicos, hacen buena filosofía.

         Aparentemente el hablar de una finalidad de los seres vivos o de la materia (viva o inanimada) resulta demasiado sospechoso. De cualquier forma Monod atribuye a los seres vivos “el ser objetos dotados de un proyecto”. Todo eso es una contradicción flagrante: ¿no eran mero azar? Ahora resulta que es azar con teleonomía o sea azar con un proyecto. ¿Y de quién fue el proyecto? No hay ninguna forma de explicarlo, sin una concepción del universo con una teleonomía (o sea con algo que lo dirige).

 

            Fernando Aguirre.

            Stephen Hawking ha escrito: “¿Por qué comenzó el universo con una velocidad de expansión tan próxima a la velocidad crítica que separa los modelos (ideales) que se colapsan de nuevo de aquellos que se expansionan indefinidamente, de modo que incluso ahora, diez mil millones de años después, está todavía expandiéndose aproximadamente a la velocidad crítica? Si la velocidad de expansión un segundo después del big bang hubiese sido menor, incluso en una cien mil billonésima parte, el universo se habría colapsado de nuevo antes de que hubiese alcanzado su tamaño actual”. Y ha agregado Segundo “Tampoco existiría el hombre en el caso contrario, pues una velocidad de expansión mayor hubiera producido un enfriamiento más rápido que el que fue necesario y suficiente para el desarrollo sucesivo de las especies animales hasta el hombre.

            ¿Quién eligió la temperatura y la velocidad de expansión del momento inicial? La respuesta agnóstica no conforma a nadie, en ella pesan más los prejuicios cientificistas que los hechos comprobados. La sensación de diseño consciente es abrumadora.

 

            Luciano. Una “sensación” no es una demostración ni una respuesta que merezca ser tomada en serio.

 

            Fernando Aguirre. Luciano, me increpa que me estoy dejando llevar por “sensaciones”. ¿Y la segunda ley de la termodinámica? Pues el azar puro como motor de la evolución que terminó en nosotros (seres pensantes capaces de cuestionarnos todo esto) va contra la segunda ley de la termodinámica. Es una tesis que está en contra de las leyes físicas conocidas. Se pretende que si se deja actuar al azar, en un caldo de cultivo químico, de millones de combinaciones durante millones de años, hasta que nos dé una molécula con cinco mil millones de pares de nucleótidos ordenados en una forma determinada y en forma absolutamente precisa: un sólo error y no es DNA.

            De nuevo, el sentido común nos indica que si dinamitamos infinitas imprentas, durante infinitos millones de años, lo único que vamos a obtener es infinitos caos. Que las letras caigan formando la Enciclopedia Británica armada y pronta para empezar a editarse (y reproducirse) no sólo va contra el sentido común, va además contra la segunda ley de la termodinámica. Sobre este punto dice Segundo: “Ya se ha notado que el azar puro tiende al desorden y a la inoperancia. Ese es el significado de la segunda ley de la termodinámica, o sea, de la entropía. Pero en la evolución vemos que, aunque la entropía gana siempre en el plano de la cantidad, existe una mente que aprovecha el paso del azar cósmico para obtener seres o funciones más complejas y finas”.

 

            Fernando Aguirre. El azar no es una explicación válida: no funciona. Estamos empatados: tu explicación es “no conozco la razón, así que debe ser el azar”. El problema es que el azar debería crear caos (eso se llama entropía). El azar creando organismos de complejidad cada vez más creciente, contradice la segunda ley de la termodinámica. No funciona, no puede ser así, iría contra la entropía del universo.

          Segundo dice: Por no pagar este precio con su falta de lógica, puede Monod, con toda (aparente) tranquilidad presentar la teleonomía de la evolución… Así el pecado lógico de una contradicción -la de suponer una necesidad surgiendo del puro azar- paga una negativa querida. Se teme a encontrar a Dios a la vuelta de cualquier esquina cuando se admite una teleonomía global para el universo…

            De cualquier forma una vez tenemos DNA podemos encontrar explicación en la selección natural. Pero antes no: y queda por contestar una pregunta : ¿y la primera molécula de ácido desoxirribonucleico, de dónde salió?

            Repito algo que ya dije: allí tenemos que dejar actuar al azar, en un caldo de cultivo químico, de millones de combinaciones durante millones de años, hasta que nos dé una molécula con cinco mil millones de pares de nucleótidos ordenados en una forma determinada y en forma absolutamente precisa: un sólo error y no es DNA (sigo en la siguiente y pido disculpas a los lectores a los que la ciencia pura y la teología los cansen). La salida de los agnósticos se llama “demonio de Maxwell”. Dado que el azar no puede acrecentar de manera continua la neguentropía (= creación de energía más rica y sistemas más complejos), tienen que inventar una función cognoscitiva (sic Monod) que corregiría la entropía (= tendencia a la degradación de la energía) surgirá en otra parte del sistema manteniendo la segunda ley de la termodinámica. A esa función cognoscitiva que capta el azar y lo transforma en un aparato teleonómico cada vez más potente se le da, en lenguaje figurado, el nombre de demonio de Maxwell, siguiendo el teorema que imaginó ese físico para explicar la posibilidad de la negentropía. Agrega Segundo: “Cada paso en la evolución ha sido, en realidad, obra de ese demonio. Digamos que no es posible tomar en serio científicamente qué es eso que actúa como el demonio de Maxwell. Esa metáfora le sirve al mismo tiempo para salir del paso al hablar de evolución y para desacreditar como mitología (o como animismo) lo que con más lógica otros científicos serios llaman mente (Bateson), el interior de las cosas o energía radial (Teilhard). El demonio de Maxwell es lo más cerca que pueden estar los agnósticos de admitir que Dios actúa sobre la realidad y que el universo corresponde a un plan.

 

            Fernando Aguirre. Galileo: muy bueno tu aporte. Nos vamos entendiendo. Estoy de acuerdo que el hombre sobre el planeta tierra es una mota de polvo en un Universo enorme. No estamos solos. Si el Universo fue creado (prediseñado a partir de condiciones precisas de la primera explosión) para encender estrellas, crear en su interior átomos cada vez más pesados (del hidrógeno al hierro 53), sistemas de moléculas cada vez más complejas (hasta llegar al DNA) y luego sistemas biológicos cada vez más complejos y luego animales con un aumento creciente de los sistemas nerviosos (Theilhard lo llama “ley de la cefalización-conciencia”), y todo ello hasta llegar a criaturas inteligentes capaces de cuestionarse sobre el propio Universo, el sentido de la vida y su naturaleza, eso no debió suceder sólo en este rincón perdido de nuestra galaxia. Es un fenómeno que se debe haber repetido infinito número de veces. Algunos ateos han decidido escapar a la evidencia de la evolución (ahora demostrativa del plan de Dios y no enemiga de la religión) hablando de razas extraterrestres más avanzadas y muy antiguas que sembrarían DNA por la galaxia. Eso sólo traslada el problema del origen del hombre en la tierra al origen del DNA en el universo. Así que el estudio de la realidad material nos revela un universo material que evoluciona (contra la segunda ley de la termodinámica: así que no puede ser mero azar) hasta producir seres con consciencia. No se enojen, lo repito: la convicción de «prediseño» es abrumadora.

por Luis Antequera

 

Fuente y texto completo: https://www.religionenlibertad.com/blog/21143/de-un-debate-magnifico-sobre-la-existencia-de-dios.html