De lo apocalíptico del profeta Malaquías

La primera lectura de la liturgia de la misa de hoy, 23 de diciembre, es del profeta Malaquías  (3,1-4.23-24). Es uno de esos profetas llamados menores, tan solo escribió tres capítulos, en el tercero que, exponemos completo al final, es claramente de tono apocalíptico.

Al  igual que el año pasado se leyó (ve aquí) a otro profeta similar, Sofonías, en estas fechas previas a la natividad del Señor, en su primera venida, también se puede aprecia la proyección a la segunda venida o parusía del fin de los tiempos.

Lectura de la profecía de Malaquías  (3,1-4.23-24):

Esto dice el Señor Dios:

«Voy a enviar a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí.

 De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando; y el mensajero de la alianza en quien os regocijáis, mirad que está llegando, dice el Señor del universo.

 ¿Quién resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada? Pues es como el fuego de fundidor, como lejía de lavandero. Se sentará como fundidor que refina la plata; refinará a los levitas y los acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas.

Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en tiempos pasados, como antaño.

 Mirad, os envío al profeta Elías, antes de que venga el Día del Señor, día grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra».

San Malaquías, que significa “Mi Mensajero”, después del destierro de Babilonia, en el siglo V antes de Cristo, profetizó entre los 450 y 455, y anunció el gran día del Señor y su venida al templo, y la oblación pura que siempre y en todo lugar se le ofrecería. Perteneció a la tribu de Zabulón y fue el último de los doce profetas menores. Los Padres de la Iglesia ven en las profecías de Malaquías el preanuncio del sacrificio de la misa y la llegada del precursor de Jesús: “He aquí que yo envío a mi mensajero para que prepare el camino delante de mí”.

Especialmente al final de capítulo 3 se entrevé más claramente la profetización sobre la acción de Dios para hacer justicia, para purgar al mundo, que ha sido denominado «fin de los tiempos», tras el que habrá santidad fraterna.

 

Malaquías, cap. 3

1  He aquí que yo envío a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y enseguida vendrá a su Templo el Señor  a quien vosotros buscáis; y el Angel de la alianza, que vosotros deseáis, he aquí que viene, dice Yahveh Sebaot.

2  ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién se tendrá en pie cuando aparezca? Porque es él como fuego de fundidor y como lejía de lavandero.

Se sentará para fundir y purgar. Purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como el oro y la plata; y serán  para Yahveh los que presentan la oblación en justicia.

4  Entonces será grata a Yahveh la oblación de Judá y de Jerusalén, como en los días de antaño, como en los años antiguos.

Yo me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo expeditivo contra los hechiceros y contra los adúlteros, contra los que juran con mentira, contra los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano, contra los que hacen agravio al forastero sin ningún temor de mí, dice Yahveh Sebaot.

Que yo, Yahveh, no cambio, y vosotros, hijos de Jacob, no termináis nunca.

7  Desde los días de vuestros padres venís apartándoos de mis preceptos y no los observáis. Volveos a mí y yo me volveré  a vosotros, dice Yahveh Sebaot. – Decís: ¿En qué hemos de volver? –

8  ¿Puede un hombre defraudar a Dios? ¡Pues vosotros me defraudáis a mí! – Y aún decís: ¿En qué te hemos defraudado? – En el diezmo y en la ofrenda reservada.

9  De maldición estáis malditos, porque me defraudáis a mí vosotros, la nación entera.

10 Llevad el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y ponedme así a prueba, dice Yahveh Sebaot, a ver si no os abro las esclusas del cielo y no vacío sobre vosotros la bendición hasta que ya no quede,

11 y no ahuyento de vosotros al devorador, para que no os destruya el fruto del suelo y no se os quede estéril la viña en el campo, dice Yahveh Sebaot.

12 Todas las naciones os felicitarán entonces, porque seréis una tierra de delicias, dice Yahveh Sebaot.

13 Duras me resultan vuestras palabras, dice Yahveh. – Y todavía decís: ¿Qué hemos dicho contra ti? –

14 Habéis dicho: Cosa vana es servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar su mandamiento o con andar en duelo ante Yahveh  Sebaot?

15 Más bien, llamamos felices a los arrogantes: aun haciendo el mal prosperan, y aun tentando a Dios escapan libres.

16 Entonces los que temen a Yahveh se hablaron unos a otros. Y puso atención Yahveh y oyó; y se escribió ante él un  libro memorial en favor de los que temen a Yahveh y piensan en su Nombre.

17 Serán ellos para mí, dice Yahveh Sebaot, en el día que yo preparo, propiedad personal; y yo seré indulgente con ellos como es indulgente un padre con el hijo que le sirve.

18 Entonces vosotros volveréis a distinguir entre el justo y el impío, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve.

19 Pues he aquí que viene el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los que cometen impiedad serán como  paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahveh Sebaot, hasta no dejarles raíz ni rama.

20 Pero para vosotros, los que teméis mi Nombre, brillará el sol de justicia con la salud en sus rayos, y saldréis  brincando como becerros bien cebados fuera del establo.

21 Y pisotearéis a los impíos, porque serán ellos ceniza bajo la planta de vuestros pies, el día que yo preparo, dice  Yahveh Sebaot.

22 Acordaos de la Ley de Moisés, mi siervo, a quien yo prescribí en el Horeb preceptos y normas para todo Israel.

23 He aquí que yo os envío al profeta Elías antes que llegue el Día de Yahveh, grande y terrible.

24 El hará volver el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema.

 

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