La primera lectura de la liturgia de la misa de hoy, 13 de diciembre, es del profeta Sofonías (3,1-2.9-13). Este es uno de esos profetas llamados menores, y pasa cono desapercibido, pero su relevancia en lo tocante al fin de los tiempos es notable.
Además de la lectura del día, que exponemos en primer lugar, añadimos seguidamente otros textos de Sofonías, que también se les puede extraer una lectura de carácter profético- apocalíptico para nuestros días, a la luz de la proyección de la experiencia de aquel entonces. Decir que el libro de Sofonías tan solo consta de 3 capítulos.
Lectura de la profecía de Sofonías (3,1-2.9-13):
ESTO dice el Señor:
«¡Ay de la ciudad rebelde,
impura, tiránica!
No ha escuchado la llamada,
no ha aceptado la lección,
no ha confiado en el Señor,
no ha recurrido a su Dios.
Entonces purificaré
labios de los pueblos
para que invoquen todos ellos
el nombre del Señor
y todos lo sirvan a una.
Desde las orillas de los ríos de Cus
mis adoradores, los deportados,
traerán mi ofrenda.
Aquel día, ya no te avergonzarás
de las acciones con que me ofendiste,
pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia,
y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal,
ni mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete».
Sofonías (1,3-9.14-18):
Voy a arrancar al hombre de la tierra | —oráculo del Señor—. Extenderé mi mano contra Judá, | contra todos los vecinos de Jerusalén | y arrancaré de ese lugar lo que queda de Baal, | hasta el nombre de los servidores y sacerdotes, a los que adoran en las terrazas al ejército celeste, | a los que adoran y juran por el Señor y por Milcón, a los que dejan de seguir al Señor | y ni lo buscan ni lo consultan. ¡Silencio ante el Señor Dios!, | pues se acerca el Día del Señor. | El Señor ha preparado un sacrificio, | ha consagrado a sus invitados. El día del sacrificio del Señor | tomaré cuentas a gobernantes y príncipes, | y a los que se visten con modas extranjeras. Aquel día tomaré cuentas | a todos los que saltan el umbral, | a los que llenan la casa de su señor | de violencia y mentira.
Se acerca el gran Día del Señor, | se acerca raudo y veloz. | Amargo es el estruendo del Día del Señor, | hasta el valiente va gritando. Día de cólera, aquel día, | día de angustia y aflicción, | día de desolación y devastación, | día de oscuridad y negrura, | día de nieblas y tinieblas; día de trompas y trompetas | contra ciudades y fortalezas, | contra torres elevadas. Cercaré a los hombres | y caminarán a ciegas, | pues pecaron contra el Señor; | se derramará su sangre como polvo, | sus vísceras como basura. Ni su plata ni su oro podrán salvarlos | el día de la cólera del Señor, | cuando el fuego de su celo | consuma toda la tierra. | Rematará entonces la destrucción, | acabará con todos los habitantes de la tierra.
Sofonías (2,3):
Buscad al Señor los humildes de la tierra, | los que practican su derecho, | buscad la justicia, buscad la humildad, | quizá podáis resguardaros | el día de la ira del Señor.
El profeta Sofonías vivió siglo VII a. C., (638-608). Ya hacía casi un siglo que el imperio de Asiria había sometido al reino de Judá al vasallaje. Con esta dominación se expandieron la influencia de los cultos asirios. Con el culto extranjero llegaron también la cultura extranjera y una gran corrupción de la moral. Frente a la corrupción generalizada y a las prácticas idolátricas, Sofonías aparece como un profeta que denuncia la idolatría (culto a Baal y Astarté), el orgullo, la rebeldía y la falta de confianza en Dios, y anuncia el “Día del Señor” como un día de ira y de venganza.
Este estado de pecado, de idolatría e injusticia reinantes en Judá (mutatis mutandis: la Humanidad actual) van a traer la destrucción de Jerusalén (la Ciudad terrena); Jerusalén, la Ciudad de los Profetas, iba a ser, años más tarde destruida (586) y su población deportada Babilonia. Esta catástrofe fruto de alejamiento de Dios (apostasía) y de la perversión moral —cosa parangonable a nuestros días—, fue profetizada por Sofonías: «Porque el día del Señor está cerca» es el núcleo de su predicación.
A todo esto, Sofonías opone una actitud espiritual caracterizada sobre todo por la pobreza y la humildad del corazón. Es el profeta de los “pobres del Señor”.
Todo ello está lleno de datos coincidentes de los vaticinados para el fin de los tiempos: el día de la ira del Señor, con la intervención de Dios para corregir la maldad, durante los tres días de oscuridad; el Resto fiel, los pobres del Señor, los pocos seguidores que mantienen su fe pese a todo, y que Dios cuidará; de la humanidad los que queden vivos, avergonzados, se convertirán. Y habrá un vivir en gracia.
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