
Hay un dicho que se dice «el que se salva, sabe, y el que no se salva, no sabe». El ignorante no cree porque niega la promesa de un destino final: el de la vida eterna. No hay esperanza para él, como no hay fe.
Esta extendido, tal vez como consecuencia de la Ilustración, que el desarrollo de la razón hace ver algo que los ingenuos o antiguos no ven por la iluminación que aporta la lógica. De modo que el creer religioso o fe es despreciado por el hombre moderno, progre, determinado por la materia, reducido a la evidencia de la materialidad finita, poseído, fanatizado por esa dictadura de la que no puede saltar fuera.
Cuando la materia deja de oprimir al hombre, este puede trascender, abrirse a algo mayor, elevarse sobre la gravedad que le somete apegándole a las cosas pasajeras. Es decir, su luz se apaga ahí, no va más allá de esa iluminación llena de tinieblas cuando se observa su historia generadora de monstruos. No hay más, no hay esperanza, porque la Trascendencia no existe para ellos. Su intelecto sabiondo acaba ahí, triste y compungido, ignorando las cosas escondidas. Exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. (Mt 11,25-26).
Una persona de fe ha sido agraciada con el don de la máxima inteligencia, la sabiduría, sabiduría que no es de este mundo. La Sabiduría no es otra que la persona de Cristo. A imagen de quien hemos sido creados, y claro en Él es infinita, y su presencia en nosotros incluso puede ser opacada, oscurecida, sin la luz de la gracia. “Nuestra sabiduría no es como la de los antiguos filósofos; es divina, y a ella vacamos no a fuerza de especulación, sino por la estrecha unión de nuestros corazones con Dios, de quien excelente y abundantemente recibimos el amor y la sabiduría como una sola cosa” (Juan de Saint-Samson)[1]
En el libro de la Sabiduría (7,22-8,1) se dice: «La sabiduría es un espíritu inteligente, santo«; es decir, el ser humano en cuanto espíritu inteligente es sabio en la media de su santidad.
La Sabiduría teologal, don del Espíritu Santo, es más que una propiedad o cualidad, es realmente la Presencia de Dios en nosotros. De modo que la verdadera razón nunca será enemiga de la fe, sino su mejor aliada. Quien busca noble y sinceramente la verdad desde la razón al final acaba encontrando a Dios.
Pero, amén de este conocimiento místico, sobrenatural, sin acepción de personas; existe el conocimiento natural -acompañado de la gracia-, para saber de Dios y su existencia. Es decir, que el conocimiento de la fe no es opuesto, contrario ni distinto en el contenido al de la razón; sino que son compatibles y complementarios.
La Iglesia enseña que la existencia de Dios puede ser conocida a través de la razón, como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 36): «Dios, principio primero y fin último de todas las cosas, puede ser conocido con certeza a partir del mundo creado por la luz natural de la razón humana«.
Esta doctrina, que tiene sus raíces en el Dei Filius del Concilio Vaticano I , subraya que la razón humana, observando el orden de la creación, puede constatar la existencia de Dios, afirmando que «Dios… puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas».
Estas líneas vienen a colación de la noticia que ha saltado a la redes (concretamente en X):
El hombre con mayor cociente intelectual del mundo ha manifestado:
«Credo que Jesucristo es Dios»
«Dios existe. 100 %«
«Como poseedor del récord de coeficiente intelectual más alto del mundo, creo que Jesucristo es Dios, el camino, la verdad y la vida«.
«Aprovechará esta oportunidad para guiar muchas almas a Dios».
«Amén. Cristo es mi lógica».
«Nuestra conciencia no es solo actividad cerebral. Podría ser información cuántica, algo que continúa tras la muerte«.
Para hacernos una idea, tengamos en cuenta que el cociente de inteligencia normal está situado entre 120 y 80 –recordemos que YoungHoon Kim posee 276–. Por debajo de 70 comienza el retraso mental que puede ser moderado, grave o profundo. Y según Wikipedia:[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cociente_intelectual
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El hombre con el coeficiente intelectual más alto del mundo profesa públicamente su fe cristiana, citando la física y el misterio de la conciencia
Lo que hace que la declaración de Kim sea particularmente convincente no es solo la audacia de su confesión en un clima intelectual cada vez más secularizado. Es el razonamiento que ofrece: no desafiando la ciencia, sino a través de ella, especialmente desde la perspectiva de la física cuántica.
En un mundo donde el intelecto y la fe a menudo se presentan como irreconciliables, la voz de un surcoreano llamado Kim ha resonado de forma inesperada. Reconocido por la Giga Society en abril de 2024 por poseer el coeficiente intelectual más alto registrado en la historia (un asombroso 276), Kim ha saltado a la fama mundial por una razón completamente diferente: su declaración de fe en Jesucristo.
Kim publicó en su cuenta X (anteriormente Twitter) un mensaje que rápidamente resonó en internet. «Como la persona con el coeficiente intelectual más alto del mundo», escribió, «creo que Jesucristo es Dios, el camino, la verdad y la vida». En cuestión de horas, la declaración acumuló millones de visitas, provocando admiración, incredulidad y diálogo.
Lo que hace que la declaración de Kim sea particularmente convincente no es solo la audacia de su confesión en un clima intelectual cada vez más secularizado. Es el razonamiento que ofrece: no desafiando la ciencia, sino a través de ella, especialmente desde la perspectiva de la física cuántica. En un video que acompaña a su publicación, Kim explora las implicaciones de la teoría cuántica en la consciencia humana. «La consciencia no es solo actividad cerebral», explica. «Es algo más profundo. La neurociencia clásica nos dice que cuando el cerebro muere, la mente cesa. Pero la física cuántica nos dice algo radicalmente diferente: la información nunca desaparece. Se transforma».
Sus palabras se hacen eco de un creciente corpus de especulación científica y filosófica sobre la persistencia de la consciencia más allá de la muerte. Kim cita el principio cuántico de conservación de la información y lo relaciona con relatos de experiencias cercanas a la muerte: historias marcadas por la paz, una mayor consciencia y una sensación de separación del cuerpo.
“Algunos podrían descartar estos relatos”, dice Kim, “pero su consistencia a lo largo de culturas y épocas sugiere algo más que una alucinación. Se alinean con una verdad mayor: que la muerte podría no ser aniquilación, sino transición”.
Basándose en la idea del entrelazamiento cuántico, Kim propone que la consciencia humana podría estar entrelazada con una dimensión superior, un reino más allá de nuestra comprensión material. “Algunos científicos creen que el universo mismo podría ser una simulación”, añade. “Yo creo que lo es: una creación, sí, pero no aleatoria. Diseñada por una inteligencia superior”.
Su metáfora es sorprendentemente accesible: como un personaje de un videojuego que desaparece de la pantalla pero no de la existencia, dice, también nuestro ser consciente podría perdurar más allá de esta vida. “La muerte no es el final. Es un cambio de estado”.
La integración que Kim hace de la fe y la física no es una apelación al misticismo. Más bien, refleja la convicción de que las leyes más profundas del universo apuntan a realidades que la ciencia por sí sola no puede explicar por completo. Para los creyentes cristianos, sus reflexiones pueden resultar familiares. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la muerte no es la aniquilación, sino la conclusión de la vida terrena y la puerta a la eternidad. Como dice: «La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre… y el tiempo de gracia y misericordia que Dios le ofrece» (CIC 1013).
Que un hombre como Kim, profundamente versado en el lenguaje y la lógica científica, llegue a una convicción de fe no a pesar de su inteligencia, sino gracias a ella, es una afirmación profunda. En su opinión, lejos de contradecir la razón, la fe la completa. «No abandono la ciencia», afirma. «La sigo adonde me lleva». En un momento cultural donde se veneran los datos y se minimiza el misterio, el mensaje de Kim resuena con una claridad contracultural. «Jesús no es una idea», afirma. «Es la Verdad misma».
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[1] Inteligencia superior CI 156-174
Tiene una rareza en la escala de inteligencia Stanford-Binet, cuarta revisión, (SB4 16SD) de uno de cada tres mil quinientas personas (0.03 % de la población).[59]
Inteligencia excepcional CI 175-189
A tal inteligencia solo llega una de cada 700 mil personas en todo el mundo (SB4 16SD).[59] Por tal razón, es posible que hasta la persona pueda empezar a leer por debajo de los tres años.
Inteligencia profunda CI 190-201
Aproximadamente, una persona de cada 18 millones es capaz de llegar a tan alta puntuación (SB4 16SD).[59][n. 1] Es una inteligencia muy superior, pero así también es difícil llegar a este rango: aproximadamente, 0.00000005 % de personas de todo el mundo tienen tal cociente.[59]
CI mayor a 201
Cifras mayores a este número son casi imposibles.
