Anticristianismo

Ya no nos debería sorprender nada, y para todo lo que nos pueda venir encima deberíamos estar preparados. Una cosa si sorprende: es excesivo silenciamiento que la Iglesia y clero dirigente guarda generalmente, al igual que los mismos fieles cristianos, y también -aunque ya menos- el mirar para otra parte de los dirigentes políticos y la ciudadanía, en general.

Las homilías jamás hablan de esta situación de los continuos ataques que padecemos los cristianos, y no se entiende el porqué. Las homilías no tocan la realidad, la situación social, la actualidad, la vida de la gente de ahora, sus problemas, el comportamiento moral de la ciudadanía, los medios de comunicación, la cultura, las élites, los dirigentes políticos, etc. De modo que habiendo como hay un acoso al cristianismo en todos los sitios y en todas las circunstancias, y nadie dice nada, ni los propios, cómo esperar que lo hagan los ajenos e incluso los que desean que esas cosas ocurran.

Si, amigo lector, hay mucha gente que “se alegra” de esta situación de desgracia para los cristianos. Ha anidado en las almas de muchas personas el instinto de repulsa y odio hacia el Dios cristiano y sus fieles.

Las fuerzas del Mal, del Anticristo, se aglutinan y proyectan en Nuevo Orden Mundial (NOM), para el que opera el laicismo, la masonería, el marxismo cultural, el islamismo…

No nos debe sorprender a los que sufrimos de alguna manera esta cristianofobia actual, pues ya anteriormente -aunque no haya tenido la envergadura presente- han pasado por este calvario. Es algo que va de suyo con la fe en Cristo. “Si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?” (Lc 23,31), nos dijo Jesús.

Para acabar con Jesucristo se unieron fuerzas políticas, religiosas, socioculturales (fariseos, escribas, saduceos, zelotes) y el pueblo al que habían intoxicado y enardecido para preferir a un presidiario, Barrabás, a Jesús. En fin, que en la historia de ayer y hoy las fuerzas del Maligno se confabulan anticristianamente.

Ap 12,17: “…fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

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