El derecho de los padres a educar a sus hijos en el objetivo del poder político. Los progres de izquierdas –y hasta los de derechas- en España –como en otros muchos países occidentales- pretenden arrebatar este derecho fundamental.
Las familias son un dique de contención a los objetivos del marxismo cultural y al materialismo liberal, que pretenden acabar con los principios y la tradición que se sustenta en el cristianismo.
Esto es un paso más en dirección a imponer su voluntad, su visión única y globalista a todo el mundo. Hoy es lo que se actualiza en España; un país sin autoestima, maleado, sin voluntad propia ni criterio, a merced del progresismo de izquierdas (socialcomunismo y anarquista revolucionario populista), y en complicidad de la derecha atea, anticristiana; enemigos todos ellos de los valores tradicionales y del catolicismo, y hasta de España, como tierra de María. Esta es una intentona –cual tubo de ensayo de laboratorio- que el NOM (nuevo orden mundial) que pretende exportar a todo el mundo.
Se vulnera el artículo 27 de la Constitución española, que dice que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones». Aunque parezca increíble que tal pretensión (arrebatar a los padres la educación de sus hijos, para amañar su cerebro y alama, dictándoles lo que deben saber y pensar) se plantee con semejante osadía –y hasta descaro-, sin el menor rubor, y sin que nadie diga nada en contra, pues hasta los ya pocos que, sin intereses o por ser opuestos a tales ideologizaciones (como los cristianos) callan acobardados.
El que tal vulneración de un derecho de siempre, fundamental, se esté llevando a cabo con tal atrevimiento obedece a varias razones: porque hoy día el poder político goza de un poder extraordinario, abrumador, para dirigir y crear opinión pública: los medios cada vez más está en el negocio más que en hacer periodismo de vocación por la verdad; porque la subvenciones de grupos y grupúsculos (asaciones minúsculas y numerosas) que ejercer el jaleo social, a costa del erario público es de una eficacia notable; porque el peso de los argumentos cada vez tiene menos poder de convicción y poco que queda, tras la volatilidad de las múltiples noticias y opiniones, siempre hay argumentos que jugando con ellos, retorciéndolos, resultándolos y soslayando los contrarios, o poniendo el foco sobre lo particular elevándolo a categoría de los universal, de la excepcionalidad (padres irresponsables) hacen una causa común, etc., etc., siempre acabará apareciendo convincente y que la gente lo tome como lo mejor. De modo que el caso es salirse con la suya, aunque haya que atropellar derechos esenciales y constitucionales.
Por otro lado, y estas es otra: pretenden arrebatarles el derecho a los padres; pero no las responsabilidades (del cuidado, la alimentación, los gastos, el riesgo de denuncia por su desatención, el asumir subsidiariamente las trastadas o daños que los niños hagan, responsables civiles por sus actos, etc.), esto sí. Ahora de lo otro, del adoctrinamiento (=lavado de cerebro) de eso se encarga el poder estatal.
Otra cuestión: a la edad de poderles inculcar proselitistamente ideologías según el poder estatal quiera, se muestran de una consideración hacia el niño, en pro de su defensa y el velar por sus derechos, según ellos; pero, en cambio, cuando aún están en edad de no ser adoctrinados, como cuando están en el útero materno, ahí ya los derechos del niño no existen, la preocupación por ellos es nula o menos que nula, se da todas las facilidades para las madres puedan abortar al bebe.
Otro asunto: nadie se pregunta -amen de a usurpación del derecho a los padres- del daño que con ese tipo de enseñanzas que proponen -obra de ingeniería social y sexual- puede acarrear a una infinidad de niños, marcándoles para toda la vida, y no digamos ya de aquellos a los que se les “promueve” el cambio de sexo con cirugía y ormonación.
Y todo esto lo envuelven con palabrería… de que si la igualdad, la consideración de los demás, la tolerancia y el respeto a la diversidad, etc. ¿Cómo si hubiera mayor igualdad, respeto, consideración, que el que se ofrece entre hermanos en un hogar o en la fraternidad nacida de la doctrina cristiana -que tratan de demoler- donde hay un Padre que nos hace a todos los humanos hermanos, y a los que pide que se les ame como a uno mismo? Pareciera que fuera que el Estado actual el que hubiera descubierto lo que es la verdadera igualdad; en contra de lo anteriormente expuesto, que tiene valor eterno y sagrado; valga decir lo que hace 500 años ya se decía de entre distintos géneros: «tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando».
En fin, que da miedo pensar lo que estas gentes actuales que ostentan el poder (político y de otros órdenes a veces ocultos) son capaces de llevar a cabo. Lo que se adivina tras estas maniobras es preocupante, y máxime cuando cada vez es mayor la capacidad de control y manipulación de las personas, los ciudadanos y las sociedades.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

