
Como respuesta a la campaña pagada por mano anónima que en fechas anteriores se promulgo en lugares públicos, en las marquesinas de autobuses de las tres capitales vascas y Pamplona, amén de en el metro de Bilbao y en anuncios de prensa, ha aparecido por las calles de Madrid un autobus patrocinado por la plataforma Hazteoir.
Cuando apareció la primera, nadie, ningún político ni medio de comunicación dijo nada en contra; es más, se dijo que era para concienciar (como en El Confiencial.com)… Ahora, en cambio, han salido en tromba. La primera la progre Cristina Cifuentes, que manda a la Fiscalía; en Valencia y en Barcelona, ya amenazan con multas; la policia municipal de Madrid tiene retenido el autobus, y los medios de comunicación descalifican a los promotores esta campaña, tachándoles de ultras (ultrascatólicos).
En todo ello hay varios factores en juego:
Primero, la ideología de género, que pretende manipular y subvertir la realidad de que «los niños tienen pene y las niñas vulva»; es decir, la verdad y la realidad sexual humana será lo que queramos que sea, al margen de biología y naturaleza. El ser humano es una construcción: ni hombre o mujer, sino que el educando va construyendo su propia identidad a su antojo. En definitiva, la ideología de género parte de la negación de la naturaleza humana. Al no existir esa naturaleza humana, todo se reduce a cultura, a creación humana. Esta ideología pretende que el sexo biológico no tiene mayor importancia. Lo relevante es el género, una construcción cultural según la cual es el individuo el que decide su propio género, como un rol social.
Esta teoría sobre la que hablaremos más adelante, en otros artículos, de manera profusa y concluyente, es -como afirmara el Papa- «un error de la mente humana» que «desafía las nociones tradicionales de identidad sexual».
Segundo, el intento de callar cualquier voz discrepante contra los manipuladores al servicio de quienes pretenden subvertir el orden natural, la sexualidad en sus justos términos, el debilitamiento del patrón familiar de siempre. En definitiva, en su paso más en el contínuo golpear a los valores y la concepción cristiana de la sociedad. Para ello, no les importa poner en entredicho la libertad de expresión y el respeto a la opinión de los demás, aunque si esta pertenece a los cristianos… ¡mejor! Esto va de suyo, en los tiempos que toca vivir: cristofobos.
Tercero, el establecimiento del espíritu del tiempo (zeitgeist)… Este es un asunto del que hay mucho que hablar y que me reservo para próximas ediciones.
Cuarto, con todo, los transexuales, manipulados y/o utilizados, son también, para los que creemos, hijos de Dios, hermanos nuestros; por, tanto merecen la máxima consideración, respeto y cariño.
Editorial.
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