Para los años venideros, de ya mismo, se va a tener que optar por estar con la Iglesia de Pedro o contra ella o fuera de ella. El que quiere manifestar su adhesión incondicional al Santo Padre. El papa Francisco es un don de Dios para su Iglesia.
Hace hoy cuatro años, el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio fue elegido Sumo Pontífice.
Muchas cosas se han dicho en pro y en contra de su pontificado, pero sobre todo estos contras han sido de un calado hiriente, cuestionando su legitimidad y el rumbo equívoco de cómo dirige la Barca de Pedro. Algunos críticos acerados se hallan en el entorno del Vaticano.
Al hacer balance de estos cuatro años -y quizá por ahí vengan mucho de este malestar contra el actual papa- es su empeño en sanear vaticanismo de los prelados, su apego a hacer carrera eclesiástica, con los consiguientes peligros del alejamiento a la aspiración a la santidad de todo cristiano; así el imponer un estilo de austeridad, alejado de toda opulencia y oropeles, y por último, el poner orden y trasparencia en las finanzas del Vaticano y la política de’ tolerancia cero’ hacia las pedofilia.
La reforma de la Curia, que como el mismo papa dice “no se realiza cambiando gente”, sino principalmente “con la conversión de las personas”. Cambiar no es fácil y ni gusta, sobre todo cuando se han adquirido vicios y cierta edad, y la resistencia en este sentido es feroz.
A todo esto, medios anticatólicos aprovechan para echar sal a la herida, al igual que manos oscuras y con intereses malignos colaboran para provocar disensiones en la misma Iglesia, y conducirla a rupturas.
Para el que escribe, el papa Francisco es un don de Dios para su Iglesia. Quiero manifestar mi adhesión incondicional al Santo Padre.
Quiero hacer mención especial como hito importante de su pontificado su predilección por esa virtud maravillosa, tan de Dios, como es la misericordia. La proclamación del Jubileo de la Misericordia convocado oficialmente con la publicación el 11 de abril de 2015 de la bula ‘El rostro misericordioso de Dios’, que inició 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción y concluyó el 20 de noviembre de 2016.
Para los años venideros, de ya mismo, se va a tener que optar por estar con la Iglesia de Pedro o contra ella o fuera de ella. Hay un humo con olor a apostasía, que cada vez se aventa más. Los tiempos van a ser difíciles, con persecuciones…
Recuerdo a tantos mártires que se han tenido que ver en esta tesitura de tener que optar. Valga, como ejemplo, este recuerdo:
En el juicio a santo Tomás Moro, para comprometerle definitivamente le plantearon la pregunta:
—¿Con quién estás? ¿Con el rey o con el Papa?
A lo cual Tomás respondió con aplomo:
—Con el Papa. Porque estando con el Papa se está con Dios.
Y fue condenando a morir. El 6 de julio de 1535 fue decapitado. Antes rezó el salmo 50 «Misericordia, Dios mío, por tu bondad». Terminó diciendo que moría «como buen súbdito del rey, but God’s first, pero antes, de Dios».