Ya no nos preocupa tanto la salvación del alma como la felicidad del cuerpo

El filósofo Pascal Bruckner en una entrevista al respecto de su obra “Un instante eterno”, que publicaba el 9 de julio el diario La Razón (ver aquí), decía entre otras cosas:

“El olvidarnos de la muerte no está relacionado solo con la exaltación de la juventud si no también con la descristianización de nuestras sociedades. La muerte ha dejado de ser un tránsito para convertirse en el último término, por eso ahora lo esencial no es la vida después de la muerte sino la vida antes de ella. Nuestras prioridades han cambiado, no nos preocupa tanto la salvación del alma como la felicidad del cuerpo y el equilibrio espiritual.”

Es obvio que de unos años a estar parte la concepción de la vida ha dado un vuelco radical.

Si como dice el pensador Pascal Bruckner -y es algo que salta a la vista- lo prioritario de la vida de los seres humanos (de Occidente) ya no es como hasta ahora ha sido siempre: el salvar el alma, el cuidado intachable de nuestra manera de comportarnos, con respeto a la ley divina o natural (en último extremo) para que así, a la hora de la muerte -que llegaría no tardando- ser contado entre los justos, y vivir una vida más plena, feliz y para siempre.

Esto hoy día ha decaído como planteamiento vital, de tal forma que nadie habla de ello ni se lo plantea seriamente.

Es obvio que vivimos en un mundo preocupado por mantenerse joven, por el culto al cuerpo, a la salud, a la vitalidad, a los placeres, etc., y a la despreocupación y evasión de cualquier compromiso o tarea. El bienestar físico, es decir, el goce del cuerpo y la estabilidad emocional y mental se ha convertido en la prioridad. Vean sino los gimnasios, los centros de estética, los centros de pilates y de relajación (hay numerosos lugares en los que se practican una pluralidad de técnicas espiritistas o relajación fisiosiquico).

Es lógico que estos paradigmas o cosmovisiones de la existencia tan dispares tienen que producir resultados igualmente distintos. Y es aquí donde radica el meollo inquietante del asunto. Aquello a lo que pre-tendemos es lo que obtendremos. ¿Qué se cabe esperar de un ser humano cuya meta o máxima aspiración en la vida es la felicidad del cuerpo? ¿Qué da eso?… Lo que resulta insólito es que parece no preocuparle a nadie (esa despreocupación es parte de lo mismo, claro).

La racanería de la exuberancia materialista es la mentalidad que alumbra la cultura del vivir del ser humano de hoy. Ya veremos qué nos depara.

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