Cómo calificar el comunismo

Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Y manifestante cubanos.

Si no fuera por el duro sufrimiento que supone pensar en la gente que vive bajo un sistema tiránico, causaría risa el más que espantoso ridículo de los progresistas de izquierdas (léase: socialcomunistas) que a la pregunta de si lo de Cuba es una democracia, responden -no responden- de las maneras más truculenta, zigzagueante, saliéndose por la tangente, o simplemente no respondiendo (como buen -mal- político), ah, y si alguno lo hace, ha respondido que no, que para nada es una dictadura. Esto se da mucho ahora en España.

En fin, el caso es que niegan la evidencia, la verdad incontestable de una realidad que salta a la vita. Lo cual es, claro está, de un fanatismo patológico. Que se niegue lo de Cuba, lo de Venezuela o la de algún otro país latinoamericano que se encamina por la misma vereda, la represión existente, la falta de libertad, la ruina económica, el hambre de la gente, etc. es de una ruindad moral e intelectual incalificables; solo cabe interpretarlo de una extraña enajenación.

Sobre esto ustedes pensarán que es gente -políticos- normal. Pues no crean; para muchas cosas se funciona con normalidad, pero hay un punto, un extremo -como en este caso el armazón ideológico- que les impide en este tema en concreto, razonar con normalidad. «No es creíble tal cosa», pensarán. Pues vean un caso radical -aunque distinto a este de la política, pero que vale para ver la distorsión absoluta de la realidad, y con «toda normalidad»-: es el caso de la persona anoréxica: la dices que está muy flaca, estándolo, y ella no niega tajantemente; la pesas, la colocas delante de un espejo, desnuda, donde se la ve esquelita, ¡da pena verla!, como el cuerpo de un miserable preso de un campo de concentración. Y nada, niegan la evidencia, la realidad, la verdad. Ah, y luego, en la vida diaria, en todo lo demás, razonan con precisión; pero en eso, hay una fanatización enfermiza de su visión.

Algo así hay que interpretar lo que está ocurriendo ante la evidencia de las consecuencias lamentables del Comunismo. Allí donde han estado y están han dejando dolor y muerte. Y de las norcoreanas y la china, mejor no hablar de la represión y falta de libertad, de los campos de concentración, de los desaparecidos, de la persecución religiosa, etc., todo en un opacidad asombrosa, y un silenciamiento cómplice del mundo democrático occidental y de los medios de comunicación, que escandaliza (si no se está fanatizado, claro)  

Lo que estamos viendo estos días en Cuba, es que después de tantos años de la llamada «revolución» resulta que la isla está en una situación patética -quien haya estado allí, lo habrá comprobado: los edificios viejos, hundiéndose, los pocos coche que hay son viejos, los establecimientos de comida están vacios, la gente famélica, etc. En fin, un país de los más ricos antes de la llegada del comunismo, y ahora en esas condiciones desastrosas. ¿Quién ha atribuido a estos políticos comunistas el derecho a imponer su voluntad ideológicamente a los dueños legítimos, sus moradores del lugar, los cubamos? ¿Con qué autoridad…? Por la fuerza de las armas. Es decir, esta gente comunista entró en ese país, en esas tierras, y se las arrebató a sus legítimos dueños, y se quedaron ladronamente con ellas. Y a chitar. Y así años y años, sin democracia, sin libertades, sin derechos, sin poder decir lo que se piensa, sin poder manifestarse, sin poder salir de país, secuestrados y presos.

A esto los fundamentalistas progresistas de izquierdas no se atreven a ponerlo nombre.

Por lo demás, añadir que ¡gracias a Dios! los creyentes estamos vacunados contra este tipo de males. Ya nos advirtió la Virgen de Fátima sobre el peligro que suponía que el comunismo (entonces ruso) esparciera por el mundo sus errores (=horrores). Recemos para combatir esta calamidad y que la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, interceda por el pueblo de la isla que reclama por su libertad y el fin de la dictadura de 62 años.   

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