
Este jesuita misionero, obispo asturiano (español), lleva 30 años en Camboya. Kike (Enrique) Figaredo es apodado como «el obispo de las sillas de ruedas» en su labor humanitaria en aquel lejano país.
A raíz de los muchos discapacitados por las lesiones producidas por las minas antipersona plantadas por los Jemeres Rojos del el régimen genocida de Pol Pot (1975-1979) que acabó con la vida de dos millones de personas, -más de 60.000 víctimas de todo tipo de explosivos producto de décadas de guerras (más 44.000 de ellos amputados)- procuró darles alguna solución, y desde ese momento, a través de un taller creado en el obispado se han ido fabricando sillas de ruedas, que ha paliado las condiciones de vida de muchas personas; las cuales, como afirma una de ellas entrevistada, vivía arrastrándose por el suelo y esta silla sobre la que se sienta le ha dado la vida.
Pero el bien proporcionado por este obispo católico no se reduce solo a las sillas para mutilados por las minas antipersona, accidentes de tráfico y enfermos de poliomielitis, también hay otro: el compromiso que adquiere de la persona al que se le entrega la silla, de que se escolarice, de que acude a la enseñanza que se le proporciona también gratuitamente.
Por 1988, con 25 años, Enrique Figaredo, que dada su origen de una familia acomodada, destinado a vivir muy bien, dejó los estudios de Economía y todo, para apuntarse al Servicio Jesuita a Refugiados, que promovía Pedro Arrupe, último superior y renovador de la orden. «Vi claramente que mi vida era para Dios y no para ser banquero o empresario», asegura. En 1993, tras completar sus estudios de Teología en España, regresó a Camboya para quedarse.
Hoy cuando tan zarandeados y puestos en entredicho los religiosos católicos, se hace necesario resaltar estos testimonios ejemplares de los que la Iglesia cuenta por miles, como ninguna institución en el mundo.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
