Sobre la visita del papa León XIV en Madrid

Lo primero que nos ha llamado la atención de estos tres días que el Pasa ha pasado en la capital de España ha sido comprobar que las oraciones de mucha gente por el “éxito” de la misma ha sido de una eficacia extraordinaria: la mano del Espíritu Santo se ha dejado notar.

El semblante amable, de leve sonrisa, afable y algo tímido —que le da la discreción necesaria— del Santo Padre le proporciona bonhomía y cercanía, de quien se deja querer. Y la verdad, es que León XIV se ha ganado a la gente, de la multitudinaria presencia que personas que han acudido a sus actos y celebraciones, al igual que la expectación por los medios de comunicación.  Esta ha sido una de las más agradables sorpresas.

El primer acto que tuvo lugar, fue la recepción por el jefe del estado, Felipe VI, tras la llegada a España del Papa. Aquí hay que mostrar lo que consideramos una sorpresa desagradable, como fue el que ya de entrada, el monarca hiciera alusión a la cuestión ya manida de la cuestión de los abusos. Rebozar por la cara tal cuestión a tu invitado, no es nada diplomático o cuanto menos elegante. Algo parecido fue el discurso de la Presidenta del Congrego, que también incidió en lo mismo. ¿Quién estaba tras estos textos? Año tras año, por estas (en que hay que marcar la casilla de la renta) y otras fechas recurrentes, el Gobierno socialista saca a pasear este asuntos, sin que venga a al coso y sin novedad alguna. El Defensor del pueblo, también socialista y resentido, sólo tiene como objetivo esta cusa de los abusos, desde que hace siete años fue nombrado. Y añadir, algo sorprendente a todo esto: de cada 1.000 abusos cometidos, tan sólo 2 son cometidos en el ámbito de la Iglesia; de los otros 998, nadie dice nada; estos no existen, no hay que resarcirles y ayudarles ni nada; es decir, el Estado, en cuyas dependencias o centros se han cometido muchos abusos, de esos no se habla ni repara. Esta es la arbitrariedad e injusticia que la clase política perpetra. Pero, claro, ya se sabe llevan en su seno la herencia diabólica del odio guerracivilismo, antiespañol y anticatólico.

Pero volvamos a lo que interesa: el Papa y el pueblo español (católico y laico) ha estado de diez. El esfuerzo del Santo Padre ha sido agotador: mañana, tarde y noche ha sido trepidante el de un lugar a otro, de estar saludando a la gente, de encuentros y celebraciones, de discursos y homilías, etc. Y por parte, de la gente, decir que su participación ha sido ejemplar al igual que su asistencia, que ha sido masiva; no ha habido ningún problema ni desorden, todo el mundo se ha comportado muy bien.

Todas las celebraciones han estado bien organizadas, según lo previsto y con puntualidad. En todas ellas, el respecto, la devoción y la educación, y hasta la alegría, han sido lo constante. Queremos destacar:

Se comenta que en su elaboración participó del Presidente de la Conferencia Episcopal Mons. Luis  Argüello. Si es así también hay que felicitarle. Porque la verdad fue un discurso de 30 minutos que cabía calificar de perfecto, en su forma y contenido. Quedará para el recuerdo al que volver como discurso ejemplar ante la clase política, como expresión del talante de cómo conciliar el dialogo entre la religión y política, en el marco de un sistema demócratico.

Este país, España, tan lastimado por el desprestigio —alimentado por las leyendas negras—, que han creado un sentimiento general de subestima, resulta reconfortante que el representante de Dios en la tierra tenga palabras tan valorativas y cargadas de estima, que hacen justicia a una historia brillante, marcada por la fe católica. Como afirma en Papa: “Ésta es una de las grandes herencias de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral.”

El Santo Padre fue desgranando los principios o valores fundamentales, indeclinables, a tener siempre en cuenta por los legisladores: la dignidad de la persona humana inalienable por el hecho de ser, la vida –desde la concepción hasta la muerte natural-, el bien común, la familia, la libertad de educación en la que los padres tienen el derecho fundamentar a ser los primeros en la libre elección para sus hijos, el reconocimiento de la dignidad del migrante, la paz ante la polarización y la guerra, la libertad religiosa y de conciencia, el respeto de lo moral ante lo jurídico. “La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública.”

En, fin un discurso redondo, respetuoso y puesto en razón desde la perspectiva de la revelación de la fe. Discurso para enseñar y tener delante.

 Luis M. Mata

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