Siete mártires beatificadosEra el 19 de julio de 1936. En el seminario Misioneros del Sagrado Corazón, de Canet (Girona), se preparaban 65 futuros misioneros. Cuidaban de ellos 8 sacerdotes y cuatro hermanos coadjutores. Hacia las cuatro de la tarde un tropel de gentes armadas, que acaba de incendiar la iglesia parroquial, asaltan el seminario, lo saquean y obligan a los religiosos y a los niños a abandonar la casa, y les «alojan» en el parque del Santuario de la Misericordia, que se convierte así en un pequeño campo de concentración, donde serán vigilados a todas las horas durante las dos semanas siguientes. Ante sus mismos ojos se saqueó primero, y se incendió después, el Santuario. Habían transcurrido ya casi dos meses desde que habían salido de Canet de Mar. Era un 29 de septiembre: entre las tres y las cuatro de la tarde fueron sacados los religiosos de su encierro en la escuela del pueblo. Muchos vecinos estaban presentes. Iban atados de dos en dos; el séptimo llevaba las manos atadas a la espalda. En Besalú dejaron la carretera de Figueras para tomar la de Bañolas. Como a unos cinco kilómetros, el coche que les sigue se detiene después de una revuelta. El autobús sigue aún como unos 200 metros más y se detiene también, antes de pasar el puente. Allí hay una casa de piedra, en ruinas, junto a un pequeño ribazo con arbolado. Es el lugar elegido para matarlos. Las edades de esas siete vidas estaban entre 20 y 28 años.
En la catedral de Girona, el día 6 fueron beatificados siete mártires, que se vienen a sumar a la larga lista de los ya beatificados y canonizados víctimas de la persecución de la Iglesia durante la guerra civil española. Ya suman 1732. De las varios actos litúrgicos que en este fin de semana hemos estado, en ninguno se ha hecho mención por los celebrantes a dicho acontecimiento; el Papa sí lo hizo. Es una pena que por desinformación, por estimarlo irrelevante o por silenciar algo que dividió y que pudiera seguir dividiendo a los asistentes…, se siga callando la realidad orgullo de los cristianos como son sus mártires. Ellos están delante del Padre, contemplando en rostro divino, son los que han blanqueado sus vestiduras con la sangre… ¡Pidámosles, hermanos, su intercesión a ellos que están tan cerca del Señor misericordioso! ACTUALIAD CATOLICA |
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