«Si tú los quieres, son tuyos», los cinco hijos de Cecilia y Enrique, sacerdotes

¿Puede una sencilla oración transformar el destino de una familia? Cecilia lo comprobó cuando, sin imaginarlo, ofreció sus hijos a Dios, y Él los llamó al sacerdocio.

Este es una noticia que se ha dado hace unos días, y que pueden leer en la parte de abajo; pero antes, por lo extraordinario del hecho, queremos hacer algunas reflexiones y referir varios casos significativos:

Para que surjan estos casos es fundamental la presencia de fe vivida por los progenitores y especialmente por la madre. Algo así se da en familia muy creyente, de padres que viven intensa y testimonial mente la fe. Son muchos los ejemplos parecidos de familias en que todos sus hijos o casi todos se han consagrado al Señor.

Podemos citar varios ejemplos:

  • Sin ir más lejos los santos que se celebran el día de hoy 18 de julio, Santos Sinforosa y sus siete hijos, mártires (s. II): Sinforosa es clara y firme en el juicio: «No queremos adorar falsos dioses; seremos fuertes como mi marido y mi cuñado; mis hermanos cristianos están dispuestos a la muerte y lo mismo haré yo con mis hijos». Sus hijos Crescente, Juliano, Nemesio, Primitivo, Justino, Estacteo y Eugenio, jóvenes y algunos niños, se resisten firmemente a sacrificar y aseguran con claridad ante el juez que se ha ofrecido con promesas a hacer de padre y madre para ellos: «No seremos menos fuertes ni menos cristianos que nuestros padres».
  • Este caso nos recuerda mucho al caso de los historia de los hermanos Macabeos y su madre es un relato de valentía y fe judía ante la persecución. Los siete hermanos y su madre son sometidos a tortura y muerte por negarse adorar a los ídolos en lugar del Dios Yahvé de la fe judía. La fidelidad a la alianza con su Dios de tradición judía, en contraste con la apostasía de la mayoría del pueblo judío ante la imposición de los dioses de la dinastía de Antíoco. 
  • Otro caso que celebramos estos días es el del: San Luis Martin y Santa Celia Guerin, (s.XIX), padres de Santa Teresita de Lisieux, 12 de julio. Ellos se santificaron en la vida matrimonial, en el seno de la familia que construyeron, marcando un hito en la historia de la Iglesia: Los Martin Guerin fueron la primera pareja de esposos en ser canonizada en una misma ceremonia. “Los santos esposos  vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas Santa Teresa del Niño Jesús”, afirmó el Papa Francisco durante la misa de canonización de Luis y Celia. Las cinco hijas que sobrevivieron ingresaron a la vida religiosa. Entre ellas estaba Santa Teresita de Lisieux, la futura Santa Patrona de las Misiones; quien, de paso, ha sido fuente invalorable para comprender el proceso de santificación de sus padres.
  • Este es un caso reciente, de nuestros días: Cinco hermanas de sangre que ingresaron en la congregación religiosa Iesu Communio, todas en un período de dos años.  Esta historia ha llamado la atención de los católicos en España, cuna de la familia, que además de cinco hijas también tiene dos hijos. Todas las niñas – Jordán, Francesca, Amada, Ruth María y Nazareth-ingresaron en el instituto de monjas contemplativas Iesu Communio, fundado en 2010 en Burgos, en el norte del país. El camino de las cinco hermanas monjas se dio a conocer en un video del instituto.
  • Otro caso también actual es el de Cinco hermanas monjas y su sobrina: Las cinco hermanas hoy pertenecen a congregaciones religiosas diferentes, pero están muy unidas después de una educación familiar sencilla, en torno a la vida cristiana. Jesús lleva a caminos desconocidos, donde nunca nos abandona. Así lo testimonian cinco hermanas, que crecieron en una familia católica de siete hijos en la parroquia de Doripara en Gazipur, cerca de Dhaka. Hoy, todas religiosas en distintas congregaciones, testimonian la grandeza de este camino. Junto a ellos, su sobrina –hija de uno de los dos hermanos mayores– también se hizo religiosa. Las hermanas recuerdan con cariño a sus padres, fallecidos hace varios años, quienes, con su sencillez, les dejaron como legado la certeza de que «Amar a Dios y al prójimo nunca es tiempo perdido».
  • Una madre de 4 monjas y un sacerdote, se hace monja de clausura en Salamanca. Maria Zhang Yue Chun, madre de familia, viuda y conversa al catolicismo, nacida en China, emitió sus votos perpetuos el pasado 13 de mayo en el convento de las Agustinas Recoletas de Vitigudino, en la provincia de Salamanca (España). Nacida en Shangqiu, provincia de Henan (China), María se casó y tuvo cinco hijos. No descubrió el catolicismo hasta ser ya madre de familia numerosa, que, atravesando una grave enfermedad, contó con el apoyo de unas agustinas recoletas que despertaron en ella la fe. Así empezó a ir a misa y actividades de la iglesia. Se bautizó en verano de 2007, junto con sus cuatro hijas. Y meses después, en Navidad, se bautizaron también su esposo e hijo. Al año siguiente, murió su esposo. Sus hijas fueron ingresaron en una comunidad de religiosas agustinas de vida activa presentes en China desde 1931. Y su hijo fue ordenado sacerdote agustino el pasado 25 de abril. Desde que enviudó, Maria sintió un llamado intenso hacia la vida contemplativa, pero las agustinas de China no tenían comunidades contemplativas. Sí las había en España, como le indicó una de sus hijas que ya estaba en el país. En 2015 llegó a España. En Madrid la esperaba su hija SunShen, misionera agustina recoleta en España. En China dejaba a sus tres hijas más jóvenes que también son religiosas de la misma congregación: Sun Yuan Yi, Sun ChengZi y Sun Li Jin. Pero los nombres católicos que tomaron son: María del Sagrado Corazón, María Faustina, Trinidad María Nieves y Teresa de Jesús.
  • Cuatro hermanos y una sola vocación: el sacerdocio. Héctor Gabriel, Teófilo María, Miguel Ángel y Jesús David Trujillo Luna se hicieron sacerdotes por convicción y vocación, pero jamás por imposición de sus padres. Estos cuatro hermanos que hoy trabajan en parroquias de Colombia y Estados Unidos. Los compromisos de la misa, el acercamiento a la Iglesia, la vida parroquial, la pertenencia a grupos eclesiales, la educación familiar y la sólida formación espiritual de nuestro padre Lisandro con los padres claretianos, influyeron en nuestra opción de servir a los demás desde el sacerdocio”. Además de su papá, también fue decisivo el ejemplo de Lolita, su madre, muy católica.
  • Trillizas integran una misma congregación religiosa: Dios las llamó desde niñas. María Gorete dos Santos, María de Lourdes dos Santos y María Aparecida dos Santos, de 57 años, son trillizas y religiosas de la congregación Franciscanas del Sagrado Corazón de Jesús. Nacidas en una familia católica de 17 hermanos en el interior de Bahía (Brasil), sintieron el despertar de su vocación en la infancia. “No sabíamos, no sabíamos cómo era, sólo queríamos ser religiosas. Era algo que sólo Dios puede explicar”, contó la hermana Gorete.
  • Tres hermanos sacerdotes muestran el poder de una familia dedicada a Dios. Durante los últimos siete años, sus tres hijos de Jerry y Bernadette Strand (Luke, Jacob y Vincent) completaron sus estudios en el seminario y fueron ordenados para el servicio de la Iglesia. Que resaltan como la lave para fomentar las vocaciones al sacerdocio está en rezar en familia y crear una atmósfera de buen juicio y sentimiento religioso en la comunidad de la parroquia local.

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«Si tú los quieres, son tuyos», los cinco hijos de Cecilia y Enrique, sacerdotes

¿Puede una sencilla oración transformar el destino de una familia? Cecilia lo comprobó cuando, sin imaginarlo, ofreció sus hijos a Dios, y Él los llamó al sacerdocio.

En la tranquila ciudad de San Rafael, Argentina, vive una pareja cuya historia ha conmovido a muchos por su extraordinaria entrega a Dios. Cecilia y Enrique Ansaldi celebran más de cuatro décadas de matrimonio, y su mayor gozo no radica en lo material, sino en haber sido testigos de una gracia inusual, cinco de sus ocho hijos han consagrado su vida completamente al Señor. Cuatro de ellos ya son sacerdotes y uno más, monje benedictino, está próximo a recibir la ordenación sacerdotal.

Una familia nacida en la fe

Desde su juventud, Cecilia y Enrique vivieron una fe comprometida. Se conocieron en el movimiento juvenil católico Palestra, en Rosario, y sostuvieron su noviazgo con la asistencia constante a la Santa Misa. Se casaron tras finalizar sus estudios —ella, maestra; él, médico— con la esperanza de formar una familia numerosa, abiertos completamente a la voluntad de Dios. “Serían los que Dios quiera… ¡sí!”, pensaban ambos. Y aunque tres de sus hijos partieron al Cielo antes de nacer, Cecilia afirma con ternura que “nos acompañan desde el Cielo”.

Una simple oración que movió el corazón de Dios

La vida familiar de los Ansaldi era tan común como la de cualquier otra familia numerosa, niños inquietos en Misa, travesuras por doquier. Sin embargo, todo se transformó tras sus primeras confesiones y comuniones. Los niños empezaron a interesarse por las cosas de Dios y a servir como monaguillos.

Todo cambio un día, cuando el sacerdote de la parroquia motivó a rezar por vocaciones. Cecilia, con apenas dos hijos en ese entonces, respondió con una oración sencilla pero entregada, “Si tú quieres todo lo que tengo, ellos son tuyos.” Nunca habló de ello con sus hijos ni con su esposo, hasta años después, cuando Enrique reveló que también él había hecho una oración similar, “Esto es lo que tenemos, es tuyo.”

La vocación descubierta en libertad

Lo más notable de esta historia es que ni Cecilia ni Enrique presionaron jamás a sus hijos en relación con el sacerdocio. Les enseñaron a preguntarse primero por la voluntad de Dios antes de elegir una profesión, y luego, acompañaron sus decisiones con oración y libertad. “Solamente quisimos mostrarles el camino de manera respetuosa para que hicieran libremente sus elecciones”, afirma Cecilia.

Fue así como cada uno descubrió su vocación en diversos momentos y lugares. El mayor, José, descubrió su llamado durante la Jornada Mundial de la Juventud del año 2000 en Italia. Hoy es párroco en el sur de Francia y forma parte de la Orden San Elías. Emmanuel ingresó al seminario menor con apenas 14 años, y actualmente cursa un doctorado en Arqueología Cristiana en Roma. Javier se decidió por el seminario a los 16, y hoy desarrolla un apostolado vibrante en Francia. Gregorio, inicialmente atraído por la Medicina, descubrió su vocación durante un viaje misionero a Egipto. “¿A ustedes les molesta que yo no siga Medicina?”, preguntó a sus padres desde el extranjero. La respuesta fue clara: “Lo que Dios quiera, cuando Él quiera…”

El menor, Joaquín —hoy conocido como Juan Diego— tras pasar por el seminario menor y mayor, encontró su lugar definitivo en la vida monástica benedictina. Pronto será ordenado sacerdote en la abadía Sainte-Madeleine du Barroux, en Francia.

Dios no se deja ganar en generosidad

Lejos de lamentarse por no tener nietos, Cecilia comprende con claridad el sentido de pertenencia de los hijos a Dios, “los hijos no son nuestros y son un don de Dios. Asimismo, los nietos tampoco son nuestros y son también un don. Entonces, no es que tenemos derecho a tener nietos.”

Reconoce que Dios compensa con gracias sobreabundantes, y que en cada Misa celebrada por sus hijos hay una unión más íntima con Cristo, un consuelo que trasciende toda ausencia física.

El valor de la entrega materna

Uno de los pilares de esta vocación fecunda fue la presencia constante de Cecilia en la vida de sus hijos. Renunció a su profesión de maestra cuando nació el primero y sólo volvió a trabajar cuando todos ya estaban grandes. “Mi prioridad era no delegar la educación de los hijos. Tal decisión, lo volvería a hacer siempre”, asegura con convicción.

La familia descubrió más tarde la riqueza espiritual de la Misa Tradicional, y con ella, un renovado fervor por la liturgia. “Dios se encarga de ir cerrando o abriendo puertas… podemos dar testimonio a lo largo de los años; ha sostenido nuestro anhelo de servirlo, venciendo tropiezos, abriendo nuevas puertas”, reflexiona Cecilia.

Dejar ir para que dios actúe

Ante la pregunta de cómo sobrelleva la distancia con sus hijos, Cecilia responde con una madurez espiritual desarmante, “Uno siente la partida de los hijos, pero por otro lado, se establece una comunicación espiritual tan profunda, tan íntima, que es como si estuvieran todos acá.” Y agrega, “es cierto parece algo raro tener cinco hijos consagrados a Dios, pero no lo es tanto.”

Un Mensaje a los Padres Temerosos

Para quienes sienten temor al pensar que sus hijos puedan seguir una vocación religiosa, Cecilia tiene palabras firmes y serenas, “¿quiénes somos nosotros como padres para ser un obstáculo en esa vocación?… nuestros hijos no son nuestros, Dios nos los confió… y eso sólo puede ocurrir si cumplen con la voluntad de Dios.” Recomienda a los padres apoyar a sus hijos en el descubrimiento de su vocación, sea cual sea, y acompañarlos con oración constante y humilde confianza.

Una vida envuelta por la ternura divina

Al final de esta historia, una frase resume el corazón de Cecilia, “Muy feliz, a veces demasiado… Más allá de que no es una vida color de rosa y Dios no nos ahorra el dolor, Él nos ama tanto… en cada Santa Misa sobremanera.” Así viven Cecilia y Enrique, sin hijos en casa, pero con el corazón lleno. Un matrimonio fecundo, no sólo en vida, sino en eternidad. Porque su familia se ha convertido en un pequeño reflejo de la Iglesia, casa de oración, de servicio, y de entrega total a Cristo.

Con información de Adveniat

Gaudium Press

 

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