Se ha de dignificar la Eucaristía. Hay que denegar públicamente la comunión a Biden

A raíz de los políticos proabortistas que siendo católicos se acercan a recibir la comunión, nos queremos centrar en dos posturas que se han dado estos días con arreglo al Santísimo Sacramento del Altar, la Eucaristía: la del presidente Biden diciendo que los obispos no pueden negar Eucaristía a políticos abortistas, pues es un asunto privado, y la de los obispos —los menos, pero un número considerable: 55— que están porque no se redacte un documento denegando que sele permita recibirla (los que están porque se redacte son 168).

En cuanto a lo primero, lo de Biden: Hay le tienen, impartiendo doctrina. No se cuestiona su posición ni si lo esta haciendo  según los mandamientos de la Iglesia, no; sino que su argumento se sustenta en, no ya lo moral, sino en la privacidad, la intimidad.

Como si lo intimo, personalísimo, lo privado, etc. no entrara en el ámbito sobre lo que Dios dispone una voluntad para el bien de cada cual; como si Dios no entrara hay; como si esa parte cayera fuera de hasta donde Dios puede llegar, un espacio acotado… ¡Qué decir entonces de que dentro de nosotros habita el Espíritu Santo; o que Dios es alma de mi alma, más íntimo que yo  mismo!… O en la conciencia resuena la voz de Dios. ¿Cómo, pues, decir como dice que ahí, en lo privado, no tienen los obispos que entrar? ¿No son ellos, como sacerdotes presentantes de Jesús, revestidos con voz más autorizada para atar y desatar, etc., para dar a conocer e iluminar la palabra -la voluntad- divina?

La conciencia tiene la última palabra el sus decisiones moral de cada persona, con total libertad, y a la que se está moralmente obligado seguir, incluso antes que a la Iglesia. Ahora bien, la discrepancia avisa de la posibilidad de una conciencia errónea, que abría de revisar de cara a un futuro obrar con conciencia formada, recta.

En cuanto a la postura de los obispos (pro Biden o que no se atreven a la denegación de la comunión al presidente y otros políticos): Si se guarda silencio y se deja pasar sin más, sería «consentir» en cuanto menos una desconsideración a la Eucaristía. El trato con el Pan consagrado, Cuerpo de Cristo, sería una parodia, un hecho fíbrolo. ¿Qué prohibiría, pues, la comunión con Cristo? Lo que nadie se acerque a la Ofrenda sin haberse reconciliado con su hermano. Ante aquel que apuesta y financia por los abortos -esos hermanos inocentes- es expresión, que aparece en los evangelios como palabra de Dios, si no fueran tenidas en cuenta, estaríamos ante una burla a la voluntad divina.

Y a esto, aún hay una parte -aunque sea la menos- de los obispos estadounidense  que les parece bien. ¡Es para que se lo hagan mirar! Apelar a la misericordia, a la apertura al acogimiento para procurar su conversión, a la caridad… como actitud muy cristiana, no cuela, es hacerse trampas al solitario.

A partir de ahí, ya Dios no sería tan absoluto y ni lo primero. el respeto a él estaría en entredicho, habría cosas como estas que estarían por encima de Él.

Si es para una supuesta conversión o alguna otra reflexión de este tipo, ¿quién entonces no podría recibir la comunión? Nadie, ni Hitler, Stalin, o cualquier monstruo.

Y ante esto, ante el innecesario arrepentimiento, por el que se apuesta a posteriori, como conversión, el sacramento de la penitencia deja de tener valor real.

En fin, que el trato desconsiderado de la Eucaristía, tiene consecuencias graves, se derrumba el edificio de la doctrina cristiana.

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