Relativismo, crisis de las relaciones, hiper-tecnología, subjetivismo, delirio de omnipotencia promueven al demonio

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“Es un fenómeno de gran profundidad, complejidad y perversidad”. Se trata de la acción del demonio que “condiciona la vida tratando de socavar la fe del corazón de los hombres”. De hecho, “hay una presencia diabólica ciertamente en la mentalidad que domina nuestra sociedad”, “una mentalidad sustancialmente atea, diabólica en el sentido de decir: «si se quita a Dios, el hombre se realiza plenamente»”.

Monseñor Negri recuerda que “el poder que la Iglesia tiene sobre el demonio, que es el mismo poder que tenía Cristo, forma parte integral de su misión y se expresa como diaconía de la verdad y diaconía de la caridad”. Por eso se trata de “dar una claridad de juicio sobre la presencia del mal, del demonio, en la normalidad de la vida cultural y social, y acompañar a aquellos que son agredidos por el poder del demonio con un amplio y significativo camino de caridad”, a cuyo término “en ciertas situaciones está, de hecho, el exorcismo”.

La acción extraordinaria del demonio infringe un sufrimiento indecible, por infestación, vejación, obsesión o posesión. Y porque se constata el aumento de tal acción en nuestro tiempo a través del contacto de la gente, cada vez más frecuente, con el mundo de lo oculto y con sus más diversas expresiones.

Acción extraordinaria entre cuyas causas se puede identificar el ejercicio de ritos maléficos contra una persona o el acercamiento más o menos directo a prácticas ocultas. Como demuestra la experiencia de los exorcistas, son grietas por donde penetra la acción demoníaca. Por eso, de hecho, no son irrelevantes – por citar sólo algunas situaciones – el hecho de que se frecuenten médiums o magos, la superstición, la participación en reuniones espiritistas y en ritos esotéricos, sectas y cultos satánicos. Todo esto, con un mayor o menor nivel de participación.

Presente en cualquier ámbito, la fenomenología de las “sectas” ha sido minuciosamente examinada durante el curso por su incesante crecimiento respecto tanto a la variedad como al número de adeptos.

Un contexto dramático, por las repercusiones no raramente criminales, en el cual abundan las sustancias psicoactivas – una de las formas más directas de alteración del comportamiento – y acciones rituales de la más diversa naturaleza, hasta incurrir en el peligro de lesiones y de muerte y en desviaciones sacrílegas.

El sentido religioso no tiene nada que ver con las sectas. Estas, a lo sumo, lo instrumentalizan, también en su logrado acercamiento a los jóvenes, muchos menores de edad. A estos factores se añade, además, la fascinación que el satanismo ejerce en los adolescentes. Los satanistas propiamente dichos no son numerosos, pero – también a través de internet – está muy difundida la cultura satánica, donde no es rara la instigación a la violencia y el suicidio.

Con raíces precisas en la dictadura del relativismo, en la crisis de las relaciones interpersonales en un panorama hiper-tecnológico, en la exaltación del subjetivismo, en el delirio de omnipotencia que hace de la persona un “dios”.

Pablo VI dijo que uno de las mayores necesidades de la Iglesia es la defensa de “aquel mal, que llamamos el Demonio”, sabía ya que aquella afirmación podía parecer simplista, supersticiosa e irreal. Sin embargo, no dudó en indicar “la intervención en nosotros y en nuestro mundo” de este “agente oscuro y enemigo”. “El mal no es ya sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor .Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa”. “Se sale del contexto de la enseñanza bíblica y eclesiástica – advirtió – quien rechaza reconocerlo existente”.

El exorcismo busca expulsar los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesús ha confiado a su Iglesia.

Fuente: La Buhardilla de Jerónimo, Signos de estos Tiempos