La inflación pornográfica es desmesurada y altamente preocupante. Jamás ha sucedido lo que en la actualidad. Está al alcance de todo el mundo, en abundancia y en todo lugar y momento. Está en internet hasta la náusea, en televisión, en los medios impresos, etc.; está en el móvil, desde los 12 años o antes, a todas horas, a capricho, creando adicción.
Se accede a él a edades muy tempranas, con las vulnerabilidades propias del cerebro infantil o adolescente. La mayoría de los varones comienza a consumir porno a los 14 años, pero hasta un 25% se inició antes de los 13. La edad de inicio vive un descenso acelerado, pues los que tienen ahora 29 años empezaron de media a los 16 y los que cuentan hoy con 18 se conectaron entre los 12 y los 13. Hay algunos casos ya de niños de 8 años enganchados.
Amén de la calificación moral, que desde la visión cristiana es reprobable y un pecado (noveno mandamiento: «no consentirás pensamientos ni deseos impuros»); cabe añadir algunos datos por la que es rechazable -que so las razones por las que en realidad son pecado (y que están tras el noveno mandamiento): porque dañan a la persona-: distorsiona la comprensión de la sexualidad, muchos jóvenes -incluso niños- se educan sexualmente desde a través de esas imágenes poco recomendables, donde se objetiva a la otra persona, utilizándola para el placer, etc., condicionado sus relaciones sexuales de pareja futuras y vitales; en esas escenas hay una carencia de romanticismo, de amor, de compromiso, etc. ; hay una merma de la riqueza de la sexualidad, en cuya intimidad y entrega se da una trascender, místico y grandioso, que se malogra.
La pornografía es una ignominia para la infancia. El daño que se le hace es tremendo. Los efectos perversos son notables. Y a la larga va a traer gravísimas consecuencias para ellos y para la sociedad.
Luego nos echamos las manos a la cabeza de que se den tantos malos tratos, tantas separaciones, tantas parejas y hogares rotos, con hijos por medio. Tanto panxualismo obsesivo, con todo tipo de experiencias y entre diversos sexos, conduciendo a las diversas tendencias y confusiones sexuales (LGTBI). El aumento clientela en psicólogos y psiquiatras por cuestiones sexuales. El aumento incontenible de abusos y agresiones sexuales, las violaciones, pederastia, con todo tipo de aberraciones.
De esto, los guardianes del interés público y social, ni caso. Quizá sea porque esto afecta al alma humana, no a la materia.