- No hay que perderse en retoricas, en filosofías de este mundo; el verdadero conocimiento es el saber que salva. De modo que solo el que se salva sabe.
- Amar al prójimo como a ti mismo. Amar como yo es he amado. Amar al enemigo. No hay nada que lo supere. Esta patente la tiene el cristianismo, su autor es Cristo, Dios mismo.
- Cualquier filosofía o cosmovisión o ideal político puede asemejarse; pero no igualar. El cristiano persona al que obra mal, al que tendría derecho a despreciar, a ponerse en guardia, a rechazarle como autodefensa o a castigarle. Aquí puede entrar en juego el subjetivismo de calificar a malo como malo y enemigo, y… Pero con el cristianismo no cabe el riesgo subjetivo o real de calificar al otro como…, pues sea lo que sea hay que perdonarle.
- Esas personitas sencillas, diminutas ante el gran público, pequeñuelas, de misa diaria y de quehaceres rutinarios de ama de casa, que viven en una atmósfera de paz interior penetradas sin ser plenamente consciente por la gracia que les lleva a una entrega alegre y en calma, son las que hacen milagros con su oración aunque ellas no vean la obra.
- Algo los cristianos tenemos que estar haciendo mal, cuando hay que recordar la obvio: Los obispos polacos exhortan a los nuevos movimientos eclesiales a ser fieles a la fe, la moral y la liturgia de la Iglesia.
- Lo más importante que se puede ser y a lo que sería deseable aspirara todo ser humano es, sin duda, la santidad. A lo cual nos ha destinado Dios: será nuestra condicionan en la vida eterna. Designio de santidad que lo expresó explícitamente: «Está escrito: Seréis santos, porque yo soy santo.» (1 Pe 1,16). «El Señor habló así a Moisés: Di a la comunidad de los hijos de Israel: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.» (Lev 19,1-2).
- Y dicho de paso, y a la luz de lo anterior, cabe preguntarse por qué -con esto de la sinodalidad- se aboga de manera incontinente por el sacerdocio de las mujeres. Varias a tener en cuenta, prescindiendo de la cuestión teológica de la condición de varón de Jesús, es que lo más que se puede ser es santo, y a tal se llega sin necesariamente ser clérigo; es más una cuestión de humildad.
- Ante esta exigencia femenina, ¿Dónde queda María? Cualquier otra mujer puede llegar a ser lo que ella no ha sido: sacerdotisa. La más santa, la inmaculada, la única sin pecado original, la madre de Dios, asumió en la humildad la santidad; no aspiró a más, pues así la eligió Dios, precisamente por ser humilde. Y por ser Dios la hizo la más grande de cuanto se puede ser: la llena de gracia.
- Dios está al alcance de todos (inteligentes o no, con más o menos capacidades, etc.), porque si no, ¿qué clase de Padre sería? O ¿por qué crear a la humanidad si una multitud ya de partida le está negada su acceso a Dios? etc. Dios es asequible a todo ser humano, sea éste más brillante o simple.
- Cuando se es amable, afable, cariño, cuando se tienen esa actitud de trato de amor con los demás, se está bajo los efectos de la gracia, en tres sentidos: estás llevando a cabo la voluntad de Dios sobre ti que quiere que ames como él, sin discriminar a nadie, como si fueras tu; también que lo ames por Él, porque se ha vinculado, identificado, con cada persona, especialmente los más pequeños, y lo que se haga a estos se le hace a Él; y finalmente, porque así, obrando con amor, se está en la dinámica del Reino, la gracia vivifica para ser así, caritativamente, es de origen divino.
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