- La personas religiosas se suicidan menos, abortan menos, no están por la eutanasia, …y a veces, son tan mansos que ponen la otra mejilla.
- El mayor filósofo en lengua española en el siglo XX fue Javier Zubiri. Él dijo: «El hombre no tiene, sino que velis nolis, quieras o no, es religación” respecto de lo divino, o sea, la religión (Javier Zubiri). Uno puede perder cualquier cosa que tenga, pero no lo que es, lo que es no lo puede perder. Lo que uno es, lo es mientras es o existe. No puede dejar de estar vinculado. El hombre o adora a Dios o venera a un ídolo de oro, plata o simplemente imaginario.
- Entonces la serpiente dijo a la mujer “¡No, no moriréis! Antes bien, Dios sabe que en el momento en que comáis se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.” (Gen 3,5). Es decir, en la versión actual, seréis quienes dicen qué es el bien y el mal, los que reconstruyen la moral según su deseo o capricho, o simplemente se burlan de ella con su indiferencia.
- La religiosidad es un factor protector contra muchas dificultades conductuales de la vida del adolescente.
- La religiosidad -si se vive según la voluntad basada en un Dios amor- conduce inequívocamente a hacer mejores personas: a respetar al prójimo, a ser compasivo con él, a tratarle amablemente, a ser honesto, justo, bondadoso, integro, etc.
- La religiosidad parece ser causa de una vida más saludable: Los que asisten a la iglesia tienen un menor riesgo de muerte, y viven más.
- Las parejas religiosas que oran uno por el otro son menos propensas a ser infieles y de mantiene una familia estructurada y duradera.
- La religiosidad propicia una mayor felicidad. La gente de fe es el colectivo social más feliz.
- Estar ante Dios tal como somos: pecadores y miserables, espiritualmente limitados e incapacitados, radicalmente enfermos para hacer siempre el bien deseable y no caer el conductas impropias. Dios nos acepta y nos ama así, y nos tiende su mano -nos proporciona su gracia- para que nos mantengamos cerca de su radio de acción, para siempre rehabilitarnos.
- Ser inocente es lo natural al hombre. Pero llegado a un punto, ya no hay retorno. Entonces lo sencillo se nos vuelve extraño y difícil. Si lo simple, lo espiritual, se nos hace complicado, dificultoso, no es porque lo sea, sino porque nosotros hemos dejado de ser inocentes y se nos hace inaccesible, incomprensible, lejano. Y así cabe dar razón a C. G. Jung cuando afirmaba que lo sencillo es siempre lo más difícil.
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