Pensamientos de Fe (190)

 

  1. Una persona se santifica a voluntad de Dios: Cuando pierde su precioso tiempo por hacer bien a los demás.     
  2. El gravísimo peligro que estamos corriendo en estos tiempos es que ideologías contrarias a la razón se están imponiendo con toda naturalidad y de manera acrítica. Es aquello que dijera GK Chesterton: “Llegará el día en que tendremos que demostrarle al mundo que la hierba es verde”.
  3. Cuando es ser humano empieza a cabalgar contradicciones con absoluta indiferencia, se vuelve un animal peligroso.
  4. Aunque quisiéramos -por nuestra condición de cristianos cuya esencia es el amor- hacer algo por los demás, pensamos, como una frustración, que nada o poco podemos hacer. Pero aunque nada tengamos para dar, podemos ofrecer nuestra presencia, dedicar el tesoro de nuestro tiempo y encomendarles a Dios a través de nuestra oración.
  5. Alegrase con la alegría y la felicidad del otro revela un corazón sano, noble, carente de la mala hierba de la envidia, que malicia y desvirtúa el alma.
  6. La voluntad es la facultad de decidir y ordenar la propia conducta. Es grandeza de la libertad con la que Dios nos ha creado: una extraordinaria dignidad sujeta a nuestra responsabilidad. Ninguna persona puede desentenderse de ejercer la voluntad moralmente, sin perder calidad humana.
  7. Complacerse en la bondad es síntoma de estar en sintonía con Dios, que es la pura suma bondad.
  8. Una de las cosas más dañinas para las personas de nuestro días es hacerlas creer que la felicidad o la realización personal radica en la máxima satisfacción de deseos. Este hedonismo materialista es demoledor para el desarrollo humano según principios y valores éticos y elevados.
  9. No es lo mismo un Estado laico, es decir, neutro y respetuoso en su posicionamiento religioso, que laicista, con connotación militante o activista ideológico de una posición antirreligiosa, que es lo que se ha implantado en el inconsciente colectivo como postura idónea y que psicológicamente, per se, en la gente late que la posición atea o no creyente es más propicia y normal que la sospechosa de la religiosa o creyente.
  10. Lo gigantesco pierde al hombre; la desmesura, lo grande, la ambición grosera… aplasta a la persona: en cuanto complejo opuesto a la simplicidad, en cuanto cantidad opuesto a la cualidad, en cuanto grandioso opuesto a lo pequeño; difumina al hombre y a la vez lo ensorberbece. La complejidad puede ahogar la visión inocente (la luz que ilumina el bien y la bondad, para amarla).

 

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.