- Una persona se santifica a voluntad de Dios: Cuando pierde su precioso tiempo por hacer bien a los demás.
- El gravísimo peligro que estamos corriendo en estos tiempos es que ideologías contrarias a la razón se están imponiendo con toda naturalidad y de manera acrítica. Es aquello que dijera GK Chesterton: “Llegará el día en que tendremos que demostrarle al mundo que la hierba es verde”.
- Cuando es ser humano empieza a cabalgar contradicciones con absoluta indiferencia, se vuelve un animal peligroso.
- Aunque quisiéramos -por nuestra condición de cristianos cuya esencia es el amor- hacer algo por los demás, pensamos, como una frustración, que nada o poco podemos hacer. Pero aunque nada tengamos para dar, podemos ofrecer nuestra presencia, dedicar el tesoro de nuestro tiempo y encomendarles a Dios a través de nuestra oración.
- Alegrase con la alegría y la felicidad del otro revela un corazón sano, noble, carente de la mala hierba de la envidia, que malicia y desvirtúa el alma.
- La voluntad es la facultad de decidir y ordenar la propia conducta. Es grandeza de la libertad con la que Dios nos ha creado: una extraordinaria dignidad sujeta a nuestra responsabilidad. Ninguna persona puede desentenderse de ejercer la voluntad moralmente, sin perder calidad humana.
- Complacerse en la bondad es síntoma de estar en sintonía con Dios, que es la pura suma bondad.
- Una de las cosas más dañinas para las personas de nuestro días es hacerlas creer que la felicidad o la realización personal radica en la máxima satisfacción de deseos. Este hedonismo materialista es demoledor para el desarrollo humano según principios y valores éticos y elevados.
- No es lo mismo un Estado laico, es decir, neutro y respetuoso en su posicionamiento religioso, que laicista, con connotación militante o activista ideológico de una posición antirreligiosa, que es lo que se ha implantado en el inconsciente colectivo como postura idónea y que psicológicamente, per se, en la gente late que la posición atea o no creyente es más propicia y normal que la sospechosa de la religiosa o creyente.
- Lo gigantesco pierde al hombre; la desmesura, lo grande, la ambición grosera… aplasta a la persona: en cuanto complejo opuesto a la simplicidad, en cuanto cantidad opuesto a la cualidad, en cuanto grandioso opuesto a lo pequeño; difumina al hombre y a la vez lo ensorberbece. La complejidad puede ahogar la visión inocente (la luz que ilumina el bien y la bondad, para amarla).
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