Amar y hacer el bien están por encima de cualquier ley

Hoy 17 de enero, como ayer, el Evangelio (Mc 3,1-6) nos narra un momento clásico de Jesús como era curar a los enfermos, siempre y en cualquier momento, y esto no importa que sea en sábado, día sagrado en que se prohíbe por ley hacer nada.

Este hecho o manera de actuar Jesús es importante, importantísimo, tanto que Jesús, pese a la presión coactiva de los doctores de la ley y los riesgos que conllevaba, no deja de hacer el bien y sanar a la gente. Como ve al final de texto, sería una de las causas que le llevarían a la muerte: “En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.”

 Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,1-6):

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Dios nunca prohíbe hacer el bien a los demás; da prioridad a la acción del amor a cualquier cosa. Incluso su ley decae ante su otra ley mayor: la del amor: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.

“Un solo precepto contiene toda la ley en su plenitud: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gál 5,14). “La plenitud de la ley es la caridad” (Rom 13,10). El amor es la plenitud de la Ley por el hecho de ser en sí mismo una fuerza dinámica que impulsa al hombre a buscar el bien de los demás, vigorizando su fe en Cristo (Gál 5,6: la fe que actúa por amor). “Ya no está bajo la ley” (Rom 6,15), sino bajo “la ley de Cristo” (1 Cor 9,21).

La interpretación que ofrece Jesús no va propiamente «contra» la ley, sino que busca interpretar de una manera más radical, según la «justicia mayor», la ley que otros maestros interpretaban más benévolamente.  Jesús justifica su actitud «liberal» ante la Ley con la cita de Oseas 6,6, según la cual Dios quiere (ante todo) misericordia y no sacrificio. ¡Amor!. Así, pues, “es lícito hacer el bien en sábado” (Mt 12,12b).

Palabras del papa Francisco:

 “En los Evangelios, muchas páginas relatan los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por curarlos. Él se presenta públicamente como alguien que lucha contra la enfermedad y que vino para sanar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. Es de verdad conmovedora la escena evangélica a la que acaba de hacer referencia el Evangelio de san Marcos. Dice así: «Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados» (1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos para que sean curados. Jesús nunca se negó a curarlos. Nunca siguió de largo, nunca giró la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso sencillamente personas amigas le llevaban un enfermo para que lo tocase y lo curase, no se entretenía con otras cosas; la curación estaba antes que la ley, incluso una tan sagrada como el descanso del sábado (cf. Mc 3, 1-6). Los doctores de la ley regañaban a Jesús porque curaba el día sábado, hacía el bien en sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien: y esto va siempre en primer lugar. (Audiencia, 10 junio 2015).

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