Amar y hacer el bien están por encima de cualquier ley

Hoy 21 de enero, como ayer, el Evangelio (Mc 3,1-6) nos narra un momento clásico de Jesús como era curar a los enfermos, siempre y en cualquier momento, y esto no importa que sea en sábado, día sagrado en que se prohíbe por ley hacer nada.

Este hecho o manera de actuar Jesús es importante, importantísimo, tanto que Jesús, pese a la presión coactiva de los doctores de la ley y los riesgos que conllevaba, no deja de hacer el bien y sanar a la gente. Como ve al final de texto, sería una de las causas que le llevarían a la muerte: “En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.”

Lectura del santo evangelio según san Marcos (3,1-6):

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo.
Jesús le dijo al que tenía la parálisis: «Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó: «¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira, y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Dios nunca prohíbe hacer el bien a los demás; da prioridad a la acción del amor a cualquier cosa. Incluso su ley decae ante su otra ley mayor: la del amor: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”.

“Un solo precepto contiene toda la ley en su plenitud: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gál 5,14). “La plenitud de la ley es la caridad” (Rom 13,10). El amor es la plenitud de la Ley por el hecho de ser en sí mismo una fuerza dinámica que impulsa al hombre a buscar el bien de los demás, vigorizando su fe en Cristo (Gál 5,6: la fe que actúa por amor). “Ya no está bajo la ley” (Rom 6,15), sino bajo “la ley de Cristo” (1 Cor 9,21).

La interpretación que ofrece Jesús no va propiamente «contra» la ley, sino que busca interpretar de una manera más radical, según la «justicia mayor», la ley que otros maestros interpretaban más benévolamente.  Jesús justifica su actitud «liberal» ante la Ley con la cita de Oseas 6,6, según la cual Dios quiere (ante todo) misericordia y no sacrificio. ¡Amor!. Así, pues, “es lícito hacer el bien en sábado” (Mt 12,12b).

 

…oo0oo… 

 

Palabras del papa Francisco:

(Audiencia, 10 junio 2015)

 “En los Evangelios, muchas páginas relatan los encuentros de Jesús con los enfermos y su compromiso por curarlos. Él se presenta públicamente como alguien que lucha contra la enfermedad y que vino para sanar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. Es de verdad conmovedora la escena evangélica a la que acaba de hacer referencia el Evangelio de san Marcos. Dice así: «Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados» (1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos para que sean curados. Jesús nunca se negó a curarlos. Nunca siguió de largo, nunca giró la cara hacia otro lado. Y cuando un padre o una madre, o incluso sencillamente personas amigas le llevaban un enfermo para que lo tocase y lo curase, no se entretenía con otras cosas; la curación estaba antes que la ley, incluso una tan sagrada como el descanso del sábado (cf. Mc 3, 1-6). Los doctores de la ley regañaban a Jesús porque curaba el día sábado, hacía el bien en sábado. Pero el amor de Jesús era dar la salud, hacer el bien: y esto va siempre en primer lugar.

 

 …oo0oo…

Catena Aurea

Teofilacto

Después de haber refutado a los judíos, que habían acusado a los discípulos de haber restregado las espigas en sábado, con el ejemplo de David, obra un milagro en sábado para conducirlos más a la verdad, manifestando que si es una obra caritativa hacer milagros en sábado por la salud de los hombres, no es malo el hacer en igual día lo que es necesario al cuerpo. Dice por tanto: «Otra vez en sábado entró Jesús en la sinagoga», etc.
 

Beda, in Marcum, 1, 14

Después que el Señor excusó con un ejemplo irrefutable la transgresión del sábado, de que acusaban a sus discípulos, intentan ahora calumniarle a El mismo: se preparan para acusarlo de trasgresión legal si cura en sábado, y de cruel o inhumano si no cura.

«Y díjole al hombre que tenía seca la mano: Ponte en medio».
 

San Juan Crisóstomo, homilia in Matthaeum, hom. 41

Hace que se ponga en medio para que teman, y viéndolo se compadezcan, y depongan su malicia.
 

Beda

Y previniendo la calumnia que habían preparado los judíos, los reprende porque con su mala interpretación violaban los preceptos de la ley. «Y a ellos les dice: ¿Es lícito en sábado hacer bien o mal?» Los interroga de este modo, porque juzgaban que ni aun las buenas obras debían hacerse en sábado, siendo así que la ley mandaba abstenerse de las malas, según estas palabras: «No haréis obra servil en este día» ( Lev 23,7), esto es, el pecado. Porque el que comete pecado, es siervo del pecado. Esta pregunta: «hacer bien o mal» ( Jn 8,34), es igual a la que añade luego: «salvar o perder su alma». Es decir, curar o no al hombre entero. No porque Dios, sumo bien, pueda ser autor de perdición para nosotros, sino porque, según costumbre de la Escritura, el no salvar al hombre es perderlo. Mas si alguno se pregunta por qué el Señor habla de la salvación del alma cuando va a curar el cuerpo, tenga presente que el alma, a tenor de las Escrituras, se pone por el hombre, como si se dijera: éstas son las almas que salieron del muslo de Jacob; o que hacía aquellos milagros por la salud del alma, o que la misma cura de la mano significaba la del alma ( Ex 1,5).
 

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 35

Pero acaso se preguntará, por qué San Mateo dice que los mismos interrogaron al Señor si era lícito curar en sábado, en tanto que San Marcos afirma que ellos fueron los preguntados por el Señor en estos términos: «¿Es lícito en sábado hacer bien o mal?» Se ha de entender, pues, que ellos fueron los que interrogaron primero al Señor si era lícito curar en sábado y que viendo el Señor que su intención era acusarlo, hizo venir en medio al que había de curar y preguntó lo que refieren San Marcos y San Lucas. Y entonces guardando ellos silencio, propuso la parábola de la oveja y concluyó diciendo que era lícito hacer el bien en sábado.

«Mas ellos callaban», continúa.
 

Pseudo-Crisóstomo, Vict. Ant. e Cat in Marc

Porque sabían que había de curarlo del todo. «Entonces Jesús, clavando en ellos sus ojos llenos de indignación». El mirarlos con indignación y entristecerse por su ceguedad conviene a la humanidad que se dignó tomar por nosotros. Junta, pues, el milagro a la palabra y con ella sola cura al hombre. Prosigue: «Extendióla, y quedóle perfectamente sana». Con todos estos hechos responde a las acusaciones lanzadas contra sus discípulos y manifiesta que su vida existe sobre la ley.
 

Beda

Considerado místicamente, este hombre que tenía la mano seca representa al género humano infecundo para el bien, pero curado por la misericordia de Dios. Su diestra se había secado en nuestro primer padre, cuando cogió el fruto del árbol vedado, y fue curado con el jugo de las buenas obras por la gracia del Redentor cuando tendió sus manos inocentes al árbol de la cruz. Y con razón se presentaba seca la mano en la sinagoga, porque donde es mayor el don de ciencia es más grave el peligro de falta inexcusable.
 

Pseudo-Jerónimo

O bien: representa a los avaros que pudiendo dar, quieren recibir, robar y no dar. A ellos se les dice que extiendan sus manos, esto es, al que roba se le dice que no robe, sino que trabaje haciendo el bien con su mano para que tenga con qué socorrer a los indigentes ( Ef 4).
 

Teofilacto

O bien: tiene seca su mano derecha el que no hace lo que es recto; porque desde que nuestra mano se emplea en obras prohibidas se seca para las buenas. Pero se restablecerá otra vez cuando vuelva a la virtud. Por esto dice el Señor: Levántate (esto es, del pecado) y ponte en medio y no se extenderá a las obras pequeñas ni a las superfluas.

 

 

Beda, in Marcum, 1,15

Los fariseos, reputando como un crimen el que a la voz del Señor se hubiese extendido sana la mano que estaba seca, celebraron consejo para hacer morir al Salvador; por lo que dice: «Pero los fariseos, saliendo de allí», etc. Como si cada uno de ellos no hiciera mayores cosas en los sábados, llevando sus comidas, presentando el cáliz y haciendo todo lo demás necesario para la vida. ¿Se podía, pues, convencer de no trabajar en sábado a Aquel que dijo y todo fue hecho en el acto?
 

Teofilacto. super Egressi. Pharisaei cum herodianis

Se llamaba herodianos a los soldados del rey Herodes. Había surgido, pues, una nueva herejía que sostenía que Herodes era Cristo. La profecía de Jacob ( Gén 49) declaraba que cuando faltasen los príncipes de Judá entonces el Cristo vendría; y como en tiempo de Herodes no había ningún príncipe de los judíos y era él solo por consiguiente el que reinaba, y era extranjero, juzgaron que era el mismo Cristo; y de aquí nació la herejía. Estos, pues, unidos con los fariseos, intentaban matar a Cristo.
 

Beda

O bien llama herodianos a los servidores del Tetrarca Herodes, los cuales por el odio que su señor tenía a San Juan, y también porque éste anunciaba al Salvador, perseguían al Señor con insidias y con el mismo odio.

«Y Jesús con sus discípulos se retiró a la ribera del mar».

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.