Oración por la visita del Papa a EgiptoEl papa Francisco es un don, por su valentía, firmeza, bondad, misericordia, sencillez, cercanía, naturalidad… En esta visita apostólica a Egipto para respaldar a los cristianos coptos tan maltratados y martirizados por el radicalismo islámico, lo hace valientemente: además de ese gesto de ir a un país de riesgo extremo lo hace a pecho descubierto, sin el papamóvil. Por el momento tan difícil de los cristianos en todo el mundo árabe-musulmán, el viaje cobra una importancia excepcional. El Santo Padre se verá con Presidente de la República, con el patriarca de Constantinopla Bartolomeo I, con el patriarca copto, Teodoro II, con patriarca caldeo Louis Raphael I Sako y con el Gran Imán de Al-Azhar. Todo los católicos tenemos la obligación de colaborar en la medida de nuestra posibilidades con este viaje del Papa. Como miembros del Cuerpo místico de Cristo, tenemos que aportar nuestra oración, para que la gracia Dios se derrame plenamente durante estos dos días, produciendo los frutos deseados.
El Papa quiere transmitir -como él mismo ha dicho- «un mensaje de paz y como peregrino al País que, hace dos mil años, dio refugio y hospitalidad a la Sagrada Familia, que huía de las amenazas del Rey Herodes (cf. Mt 2,1-16). Me siento honrado de visitar la tierra en la que habitó la Sagrada Familia.» Y este es su propósito: «Deseo que esta visita sea como un abrazo de consuelo y de aliento para todos los cristianos de Oriente Medio; un mensaje de amistad y de estima para todos los habitantes de Egipto y de la Región; un mensaje de fraternidad y de reconciliación para todos los hijos de Abrahán, de manera particular para el mundo islámico, en el que Egipto ocupa un lugar destacado. Espero también que contribuya eficazmente al diálogo interreligioso con el mundo islámico y al diálogo ecuménico con la venerada y amada Iglesia Copto-Ortodoxa. Nuestro mundo, desgarrado por la violencia ciega —que también ha golpeado el corazón de vuestra querida tierra— tiene necesidad de paz, de amor y de misericordia. Tiene necesidad de agentes de paz y de personas libres y liberadoras, de gente valiente que sepa aprender del pasado para construir el futuro sin encerrarse en prejuicios. Tiene necesidad de constructores de puentes de paz, de diálogo, de fraternidad, de justicia y de humanidad. Queridos hermanos egipcios, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, musulmanes y cristianos, ricos y pobres…, os abrazo cordialmente y pido a Dios Todopoderoso que os bendiga y proteja vuestro País de todo mal.» Redacción Actualidad Católica. redaccion@actualidadcatolica.es |
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