Natividad de San Juan Bautista, 24 de junio

De Juan Bautista el mismo Señor Jesucristo llegó a decir «les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista» (Mt 11,11).

Este domingo, día 24 de junio, se celebra el nacimiento de Juan Bautista, el pregonero de Jesús. Seis meses después, nacería el Salvador, 24 de diciembre; como anunciara el ángel Gabriel a la Virgen María, en la encarnación del Hijo de Dios, Isabel ya estaba en cinta desde hacía seis meses.

Poco después, cuando se encontraron las respectivas madres, Juan estando en el vientre de su madre sintiendo la presencia de Jesús en el vientre de la suya, saltó de gozo ante las más grandiosa Presencia.

Años más tarde, cuando ya eran hombres, con treinta años, Juan sintió nuevamente la Presencia grandiosa: Cuando El Bautista anticipaba, como pregonero, la venida del Mesías y su Reino cercano (Cf. Mt 3,2), «preparad el camino al Señor» (Lc 3,4), practicando un bautismo de penitencia para perdón de los pecados. Estando, pues, bautizando en el Jordán se le acercó, como tantos otros,  Jesús; Enseguida Juan sintió su presencia -como la sintió hacia 30 años, pero ahora fuera del vientre de su madre-, y el hombre más grande nacido de mujer, sabía ante quien se encontraba: «yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias» (Mc 1,7);  «soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!» (Mt 3.14).

 

Estas (Lc 1,67-79) son las palabras proféticas de su padre Zacarías, tras recobrar el habla al nacer su hijo, Juan:

67 Entonces Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente:

68 «Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo,

69 y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor,

70 como lo había anunciado mucho tiempo antes, por boca de sus santos profetas,

71 para salvarnos de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odian.

72 Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza,

73 del juramento que hizo a nuestro padre Abraham

74 de concedernos que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos,

75 lo sirvamos en santidad y justicia, bajo su mirada, durante toda nuestra vida.

76 Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos,

77 para hacer conocer a su Pueblo la salvación mediante el perdón de los pecados;

78 gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente,

79 para iluminar a los que están en las tinieblas y en la sombra de la muerte, y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».

ACTUALIDAD CATÓLICA

 


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