Manifestación por la vidaAyer, 26 de marzo, estuve entre las 12:00 y las 14:00 horas en la plaza de Felipe II, de Madrid. Se celebraba la anual e internacional concentración festiva del «Si al la Vida» del 25 de marzo día de la Anunciación, es decir, de la Encarnación de Dios en seno de la Virgen.
Tristemente, aunque el número de organizaciones convocantes que integran la plataforma «Si a la Vida» son 500, el número de los asistentes, los convocados, apenas si (a ojo de buen cubero) el millar y medio de personas. De una población madrileña de 4 millones, mil. Por añadir otro dato, de las varias iglesias de los alrededores próximos, en cada una de ellas, sumadas las tres misas de la mañana, seguro que sumaban más que los asistentes a la concentración en contra del aborto. No lo entiendo. Quizá sea más cómodo ir a misa que movilizarse en contra de un pecado gravísimo. Amén de esta falta de sensibilidad social y de esta pasividad acomodaticia de los creyentes, hay que decir que la publicitación previa de la convocatoria del acontecimiento fue casi nula (ni en la prensa ni en los tablones de anuncios de las iglesias..). Nadie se entero. Como tampoco se entero nadie de que sucedió. Los medios de comunicación, sobre todos los televisivos, lo ignoraron. Todo esto cuando la realidad es sangrante: Casi 100.000 abortos al año en España, un casi un 20% de los embarazos terminan en abortos, y en el mundo tal que la población de nuestro país, 46 millones, son exterminados antes de nacer.
Los legisladores no hacen nada por salvaguardar la vida de los más inocentes. Las Asociaciones Provida denuncian el electoralismo de los políticos respecto al aborto. Los poderes públicos están dejando «de lado» la defensa de la vida o la atacan «directamente» con partidas públicas destinadas «a destruir vidas humanas». Algunos políticos interpretan ese derecho en términos de «perder o ganar votos», lo que es utilizar las vidas humanas en un «provecho propio», ha querido denunciar, aparte de los que lo han convertido en una «cuestión ideológica». Miguel Morales. |
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