Hay un dicho que dice «en la mesa y en el juego se conoce al caballero»; también valdría añadir -sobre todo en estos momentos- en el ocio, en las diversiones, en las celebraciones, placeres, etc. Y ahora añado: «Dime como son tus placeres y te diré como eres».
La celebración de la fiestas de San Fermín, otra cantada por literatos y gente famosa, por su sana y noble diversión, se ha convertido en un dechado de depravación: el golferío, la obscenidad, la blasfemia, la bacanal alcohólica, drogadicción… y sexual, es lo que domina en un ambiente insano e inmoral. En fin, degradan el alma humana, mundanización y desenfreno y vicio absolutos…
Esta depravación del pasárselo-bien, del disfrutar de la vida, pone de relieve hacia dónde vamos: la despreocupación total, la irresponsabilidad total, del descompromiso total, la insolidaridad total, el egoísmo total…
Esto es lo que hay: un desolador panorama. Se han derruido la fe, las buenas costumbres y las tradiciones «santas» en España. Ya nada escandaliza, y, es más, la juventud se mofa de la virtud.
Una sociedad en que lo ético y elevado ha desaparecido, ha extraviado su alma.
¿Quién mueve los hijos invisibles…? ¿Por qué se ha dado una voltereta de ciento sesenta grados? Tan solo una curiosidad: en esta tierra tan creyente, de san Francisco Javier, del Opus Dei, que ha dado tantos sacerdotes, religiosos y misioneros; tierra de gente noble y entera; etc., se ha dado una degeneración, perversión.., como si todos los demonios hubieran puesto todo su empeño en destruir tanta santidad.