Los latidos del corazón

Es obvio que la ley texana de prohibir el aborto una vez que el feto le comience a latir el corazón, cosa que sucede a las 6 semanas, ha puesto de los nervios a muchos interesados: unos, porque ven peligrar una parte sustanciosa de sus suculentos beneficios económicos, y máxime si se generaliza y se extiende a más estados; otros, porque las proabortistas piensan que a tan temprana edad de mes y medio de la concepción muchas embarazadas no tienen la certeza de su estado o les queda muy poco tiempo para reaccionar; otros, porque están -sin argumento alguno- en contra de cualquier limitación a la cuestión del abortar, de violentar la vida naciente, por posicionamiento ideológico, político, o influencia del diablo.

Según nuestra posición católica: no es suficiente el argumento de los latidos del corazón, pero al menos el mal disminuye; pues creemos firmemente en el respeto a la vida desde el momento de la concepción.

Un dato ilustrativito: la Santísima Virgen María cuando visitó a su pariente Isabel, aunque no se sabe bien de cuanto estaba embaraza, pero podría calcularse que tal vez no llegara ni al mes. Y aún así, sin el latido del corazón, Juan Bautista, desde el vientre de su madre, con 7 meses, salto de alegría reconociendo la presencia de Jesús en el vientre de María con tan solo semanas de concebido.

El posicionamiento al respecto del presidente «católico» de los EE.UU., merece un comentario a parte. Joe Biden, se ha pronunciado en contra de esa ley de los latidos del corazón, negando que la vida empiece en la concepción.

Este señor en su día mantuvo otra opinión: la que sostiene la Iglesia católica; ahora parece haberla cambiado. En el debate para la vicepresidencia de 2012 contra el representante republicano Paul Ryan, Biden dijo que creía que la vida comenzaba en la concepción. Todo el mundo tiene derecho a cambiar, pero hay que ser coherente: no se puede ser católico para unas cosas (recibir la comunión eucarísticas) y pronunciarse contrario a la moral que hace aptos recibir ese sagrado sacramento.

Esta actitud pública, nada disimulada, pone en un brete a los obispos estadounidenses, sobre todo a los que pretendían soslayar la posición e incluso defender al presidente, afirmando que se oponía al aborto desde la concepción.

Hay algo más que añadir a lo del presidente americano, y es que el que se manifieste así tan abiertamente en contra de la doctrina cristiana y luego acudiendo a recibir al Señor sacramentado, y esos momentos de lagunas o ausencias mentales que a veces le suceden;  cabría pensarse si este hombre no está bajo alguna influencia… que necesitara de una exorcización de liberación.    

En un articulo anterior hablamos sobre esta ley texana, con el título «Restricción del aborto al latido del corazón«

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