Los «hermanos» de Jesús

El evangelio de la liturgia de la misa del día 20 de septiembre, hace referencia a los hermanos de Jesús. Pero vaya por delante  -y que es lo que realmente importa-  lo que el mismo Jesús afirma: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra.»

Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,19-21):

En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermano, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte
Él les contestó: «Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra

Estos hermanos serían los que se citan en otros lugares con los nombres: los habitantes de Nazaret, hablando de Jesús, decían: «Este es el Hijo del Carpintero y su Madre es María, es hermano de Santiago, José, Simón y Judas, y sus hermanas también viven aquí entre nosotros.» (Mt 13,55-56).

Sobre los hermanos de Jesús hay tres versiones: la de los protestantes, que dice que fueron hermanos carnales de Jesús, en cuanto que María habría tenidos más hijos; luego, los ortodoxos que dicen que José habría estado ya casado y al enviudar habría aportado al matrimonio con María, los hijos, que serían hermanastros de Jesús, y la tercera versión es la de los católicos, en la que estos hermanos serían primos, es decir, que no tendrían los mismos padres de Jesús, sino los abuelos.

Es verdad que en los evangelios se habla de «los hermanos y hermanas de Jesús». Pero eso no quiere decir que sean hermanos de sangre de Jesús, o hijos e hijas de la Virgen María.
Todo apunta a que en arameo (y también en hebreo), que era la lengua en que se hablaba, se usaba la misma palabra para expresar grados de parentesco cercano, como el de primo e incluso sobrino, por hermano. En hebreo o arameo, donde el término «ah» (hermano) tiene un campo semántico más amplio que puede incluir otras relaciones de parentesco. La palabra griega adelphos, a menudo traducida como «hermano», puede referirse a cualquier relación familiar.

Para precisar sobre un hijo propiamente, se reafirmaba con diciendo el nombre y añadiendo «hijo de tal»; es decir:»Jesús, el hijo de María» o » Simón, hijo de Jonás» (Mt 16, 17). En ningún sitio se habla de los hermanos de Jesús en sentido estricto, como «hijos de María»..

Cuando Jesús subió a Jerusalén con sus padres, María y José, tenía ya 12 años. Nada se dice de que hubiera ningún otro miembro de la familia..(Lc. 2, 41-52)..

Otro texto interesante es de la muerte de Jesús (Jn. 19, 26-27)., que desde la cruz confió su madre María al apóstol Juan, hijo de la tía de María, María Salome, la de Zebedeo, precisamente porque María quedaba sola, sin hijos propios y sin esposo. Y con él iría a vivir a Éfeso, no retornó a Nazaret, como si hubiera tenido algún hijo aquí.

.Al pie de la cruz, además de estar  María Salome, madre de Juan y Santiago el Mayor; también estaba María Alfeo o Cleofás (pues casó dos veces), madre de Santiago el Menor, José, Simón y Judas (Tadeo) y otras mujeres: María Magdalena, Juana y Susana…

En el evangelio se dice que Jesús es el primogénito de María (Lc 2,6), lo que implicaría ser el mayor de varios hermanos. Sin embargo, el término “primogénito” es la forma legal de llamar al primer hijo (Ex 12,29; 34,19, etc.) y no implica que hubiera otros hermanos después de él.

En el Evangelio de Juan (20,17), Jesús llama a sus discípulos y apóstoles: «mis hermanos» y en la carta a los Hebreos (2,11) todos los redimidos por Cristo son «sus hermanos». Cristo es «el Primogénito de estos hermanos.» (Rom. 8,29). Espiritualmente hablando, somos hijos de un mismo Padre, que está en el cielo, pertenecemos a la familia humana creada por Dios, en la que Jesús, el Hijo de Dios, se encarna, asociándonos a Él, como primogénito, y constituyéndonos en hermanos,  

Quien se identifica con Cristo, por la gracia de la  fe se hace uno de los suyos, confraterniza con Él,  De modo que este pertenecer a Jesucristo, tiene un distintivo: «todo el que hace la voluntad de Dios ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt. 12, 50). Así, y en este sentido, el término «hermano» es tan relevante que en las cartas del Nuevo Testamento se lleva a usar hasta en ciento sesenta veces. Cristo nos hace hermanos.

¿Quién ha sido la primera que ha escuchado la Palabra y ha hecho su voluntad, dándonos ejemplo, como la Bienaventurada?  María. La Virgen María como verdadera madre de Jesús  en carne y espíritu, nos invita a que la imitemos en la escucha de la Palabra y en su cumplimiento. Esa escucha y esa puesta en práctica son las que nos convierten en miembros de su familia, más allá del espacio y del tiempo.

Dios es lo primero en todo, hasta tal punto que antecede incluso al amor familiar, la fe es un vínculo más fuerte que el de la sangre pues une con Dios. Es el parentesco de la familia celeste, y que es para siempre, eterna.

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