Si en un artículo referido a la Iglesia de Filadelfia, hablábamos de ella como posiblemente la iglesia actual; también muy posiblemente la Iglesia de Laodicea, la última de las siete referidas en el libro del Apocalipsis, sea la que corresponda a la iglesia del futuro, pero no lejano: tras el tiempo de la tribulación y el fin de los tiempos con sus tres días de castigo, más los cuarenta y cinco posteriores, hasta el fin del mundo y el juicio final. Simbólicamente mil años.
Leamos Ap 3:
14 Al Ángel de la Iglesia de Laodicea escribe: Así habla el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios.
15 Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
16 Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
17 Tú dices: «Soy rico; me he enriquecido; nada me falta». Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo.
18 Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista.
19 = Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. = Sé, pues, ferviente y arrepiéntete.
20 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
21 Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.
22 El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias.
…oOo…
Esta Iglesia representa a la Iglesia del milenarismo. El tiempo de esta Iglesia abarca desde la Parusía o advenimiento de Cristo hasta el Juicio Final. Periodo histórico que el libro del Apocalipsis, capítulo 20, cifra en mil años, mil años significa un largo período de la historia.
La Iglesia que vivirá más plenamente, dentro de los límites de las coordenadas terrenas e históricas, el espíritu del Reino o Reinado de Cristo.
Cristo, que se dirige a esta comunidad, su Iglesia, lo hace como el que es en toda su magnitud: el Amén, el Testigo fiel y veraz, el Principio de la creación de Dios (Ap 3,14). Cristo es reconocido como quien es: El Rey y Señor, el principio y fin de la historia. Cristo es el Kyrios, el Señor de la Historia, porque es el Cordero degollado digno de abrir el libro y sus sellos (Ap 5,5), manifestando así su dominio plenario sobre el acaecer histórico, como alfa y omega de todo lo creado.
Con Cristo místicamente presente y Satanás encadenado, los sobrevivientes de la Iglesia anterior, los fieles cristianos y los hombres justos según la conciencia natural que Dios ha impreso en cada uno, construirán un mundo cimentado en los valores cristianos. Para los que hasta entonces no creyeron, Cristo eliminará todo engaño y les otorgará la posibilidad de dar libremente su respuesta personal a la propuesta de salvación, y unirse a Él, a su cuerpo místico suyo, la Iglesia.
Cristo estará “manifiesto” en el mundo, invisible para los ojos mortales pero no para los de la fe; pues ésta ha sido renovada y fortalecida con una nueva efusión sobrenatural del Espíritu Santo. Como indica San Buenaventura, “el séptimo tiempo, cuando la militante sea conforme a la triunfante en cuanto es posible en este mundo” será renovada y glorificada por el Nuevo Pentecostés.
El reinado de Cristo durante el milenarismo o nuevo periodo histórico que se abre para la Humanidad, será de una espiritualidad más ferviente e intensa, hasta su tramo final, mediante una Presencia espiritual de Poder y Gracia, que se entibiará hasta que se arríe la historia del milenio.
La relación será semejante a la que Cristo glorificado sostuvo con sus apóstoles en los cuarenta días que precedieron a la Ascensión del Señor. Él, la Santísima Virgen y los santos se aparecerán a los hombres, sobre todo a los justos y elegidos, de manera más frecuente que ahora…
No se tratará de un paraíso en la tierra ya que los conflictos continuarán siempre, pero sí un tiempo en que la Iglesia manifieste más claramente a Cristo por estar Él reinando mística y gloriosamente en los corazones de los hombres.
La esperanza cristiana no implica concepto alguno de una plenitud intrahistórica. Esa esperanza expresa, por el contrario, la imposibilidad de que el mundo llegue a la plenitud interior. El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20,7-10) que hará descender desde el cielo a su Esposa (cf. Ap 21,2-4). La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua.
Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

