En su viaje apostólico a Chile y Perú,15 al 18 de enero de 2018, durante el vuelo, el papa Francisco manifestó sus temores ante un accidente inesperado que pueda desencadenar una guerra nuclear: «Sí, de verdad tengo miedo. Estamos en el límite. Basta un accidente para desencadenar la guerra. A este paso, la situación correr el riesgo de precipitar. Por lo tanto, hay que destruir las armas, empeñarnos en el desarme nuclear».
El temor es real, pues existen esas posibilidades desastrosas, que cada vez van en aumento, y que muy probablemente acabarían con la vida en el planeta. Por primera vez en la historia de la humanidad, la misma humanidad está en condiciones de autodestruirse completamente. Y digámoslo sardónicamente: ¡Este es un «logro» que jamás había ocurrido, fruto de la pericia y el progreso humanos! Y en este sentido, no se ve el fin, o mejor dicho, se ve el fin hacia el que nos encaminamos imparablemente; pues la carrera armamentistica no se para nunca, ni los días festivos dejan de fabricarse armas y más armas. ¡Una locura!
Ya veremos.
Aquí les dejo esta célebre anécdota referida a Einstein:
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En una reunión de sociedad, le hicieron al sabio científico una pregunta sobre qué tipo de armas se emplearían en una supuesta tercera guerra mundial. Einstein se quedó por un momento pensativo, y dijo:
—En la próxima tercera, no lo sé… pues constantemente se inventar armas nuevas. Pero a la cuarta, sí que lo sé bien, será con achas de piedra y palos.
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En múltiples ocasiones el Papa Francisco ha denunciado que en el mundo actualmente existe una “Tercera Guerra Mundial a pedazos”, y ha alentado todos los esfuerzos para alcanzar la paz.
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