
Este domingo celebramos la Venida del Espíritu Santo. Él es la Gracia de Dios, su Presencia de Amor Misericordioso en nosotros. Se trata (la vida de la Trinidad) del amor con que el Padre ama al Hijo, y cuyo fruto es el Espíritu Santo.
La gracia forma parte del ser de cada persona Cuando Dios la crea, la crea en un estado sobrenatural, llamada «gracia increada«, que nos es comunicada en y por el acto mismo de la creación. La vida que tenemos es divina, pues cuenta con su presencia en nosotros. La esencia de la gracia consiste antes que nada en hacernos existir. La gracia de Dios actúa en nosotros, claro, constantemente y sin que seamos consciente de ello, pues hemos sido agraciados con su presencia desde el momento de nuestra creación; pero Dios quiere «más presencia en nosotros», nos quiere santificar, con la llamada «gracia creada». Y si no le dejamos hacer, ese objetivo de Él para nosotros parece desmoronarse. Aunque a veces ese designo es llevado a cabo, de manera sobrevenida, por pura misericordia, por la gracia obtenida por los merecimientos de otros, por sus oraciones, sufrimientos, intercesiones, etc., por la comunión de los santos, que Dios ha querido vincular a la otorgación de su gracia para el beneficio de todos.
No ahogar…, no asfixiar esa Vida en nosotros es cuanto se nos pide a cambio. No entorpecer, dejar hacer, aceptar humildemente una cierta pasividad que permite a Dios intervenir… ¡Cómo hay que estar atentos a nuestras sutiles, imperceptibles, acomodadas resistencias, que hacen imposible el que la gracia de divina actúe, anime y vivifique nuestras vidas. Hay que ser arrastrado por la corriente trinitaria que circula entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Esa gracia divina actúa en medio del mundo, a veces de manera paradójica e incluso aparentemente contradictoria, para dar réplica al mal:
Se dan casos que en lugares poco propios, en ambientes familiares, sociales, etc., no actos para la fe, han surgido gente noble, buena, comprometida, santa…, vocaciones religiosas.
A pesar de los pecados, de las deficiencias y limitaciones y miserias humanas, el conjunto, lo importante y fundamental de la persona puede quedar a salvo, salvando. Así, muchos hombres, padres de familia, que aún cometiendo ciertas faltas éticas, como defraudar a Hacienda, deslices e infidelidades, escaqueos en el trabajo y en ciertas responsabilidades, en la falta de solidaridad, siendo egoísta, etc., sin embargo, saca a su familia adelante, proveyéndola con su esfuerzo diario de todo aquello que necesita.
Dios no deja nunca solo al hombre, sea cual sea su situación. Así se explica, además de lo dicho, los frutos que dan muchos en el ateísmo o en religiones surgidas de herejías, donde Dios no dejar de actuar insuflando su gracia en las personas de buena voluntad y de «buena fe».
Los exorcistas saben bien que en el fondo de esas almas infelices, torturadas y sometidas por la presencia del Maligno, está presente la huella indeleble del Creador. Ellos en sus exorcismo van en búsqueda de esa “imagen y semejanza” divinas que ninguna fuerza demoníaca logra siquiera arañar. Da por sentado que Dios está más presente, es más bueno, más bello y más atractivo que el diablo.
Pidamos la gracia de ser dóciles a la Gracia.
“En un segundo, allá en el fondo del alma, el Espíritu Santo puede decir, y dice a veces, una palabra que puede alimentar el alma durante todo el año… a veces durante toda la vida” (El Venerable P. Félix de Jesús Rougier).
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