La persecución totalitaria

Allí donde alguien, especialmente cristiano, manifieste una opinión discrepante de los totalitarios de los políticamente correcto, aparecen estos aplicándole inquisitorialmente las medidas de la cancelación.

Es decir, está prohibido hablar de lo que no les gusta. De lo contrario late la amenaza: atenten a las consecuencias, que te será aplicada la elástica pero rígida ley del odio. Decía, hace años, Juan Manuel Serrat en una de sus cancines, «contra gustos no hay disputa«; pero hemos llegado con -paradójicamente- el progreso de los años, a que la discrepancia en cuanto a los gustos esté prohibida.

Si te dices cristiano, ya eres como una especie de enemigo de la humanidad, pues se supone que estas en posesión de verdades, ideas, creencias, principios y valores opuestos a lo políticamente correcto, o sea a lo que piensan los que mantienen posiciones estándares, establecidas por y según los criterios de los que han «aprobado las normas sociales de acuerdo a sus dictados que obedecen a estar en posesión de la verdad, es decir, la suya». De modo que todo lo que digas siendo cristiano (hasta rezar) será tomado en contra tuya; así pues limítate a estar callado en un rincón y no hablas ni te manifiestes (aunque silenciosamente), por tu bien; de manera que todo lo que pienses acerca de defender la vida del nasciturus, la familia,  o sobre la ideología de género, el transexualismo, etc., si lo expresas, si dices buenamente tu opinión, serás tallado de generador de odio, y la policía, la fiscalía (de oficio o por la interposición de algún lobby del ramo), la «milicia» activista subvencionada, el azote de las redes sociales, la opinión pública y publicada, etc., te pueden meter el miedo en el cuerpo, y hacerte callar «por las buenas o por las malas». Es el nuevo totalitarios de «cuchillo y horca».

Son muchos ya los casos de este tipo, y que desgraciadamente cada vez se hacen más frecuentes. Victimas podemos ser todos los que les llevemos la contraria, desde un pastelero, un deportista, un profesor, un influencer o tuitero, o una escritor como la autora Harry Potter J. K. Rowling. Recientemente  tenemos el caso de un pro-vida que fue arrestado por el FBI «a punta de pistola» delante de su familia aterrorizada, como si fuera una persona peligrosa, cuanto se trata de un pacífico defensor de la vida: «Un contingente de efectivos del FBI irrumpió en la casa de Mark Houck, un católico provida y padre de siete hijos (que puede ver en la imagen); una acción que ha provocado una protesta pública al ser considerada por muchos una demostración de fuerza innecesariamente agresiva.» La esposa de Mark Houck declaró: “Un equipo SWAT –el equipo de operaciones tácticas del FBI– de unos 25 [miembros] llegó a mi casa con unos 15 vehículos y empezó a golpear nuestra puerta”, “Dijeron que iban a entrar si no abría. Y luego tenían unas cinco armas apuntando a mi esposo, a mí y básicamente a mis hijos”. (AQUÍ pueden leer más sobre la noticia).

En fin, que son muchos los casos y en todas las partes en que la coacción es cada vez más feroz; todos los días en los medios de la presa religiosa no generalista, claro, salen a la luz hechos persecutorios. Uno también reciente, prototípico, es el siguiente, que pueden leer en Aleteia: «Universitario brillante, es perseguido por ser provida y profamilia». «Christian Fernando Cortés Pérez es mexicano, originario de Ensenada, Baja California. Por su brillante desempeño académico, fue elegido este año en la Universidad Autónoma de Baja California para dar el discurso final de graduación en su Facultad. Ahí comenzó su pesadilla».

El presidente de un club de fútbol australiano se ve obligado a dimitir a causa de su fe cristiana,  tras conocerse que la parroquia anglicana en la que ejerce como presidente del consejo parroquial considera que la homosexualidad es un pecado y el aborto un asesinato. 

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.