La mano de Dios y el poder de la oración

El padre Santiago Arellano

Dios existe, y actúa; oye las oraciones, y dispone las piezas sobre el tablero de la realidad para que, a base de coincidencias, se lleve a cabo su voluntad misericordiosa, que amorosamente escucha la oración de sus hijos fieles. El maravilloso relato de un hecho real, que abajo recogemos, muestra la afirmación que acabamos de hacer.

Existe una palabra nueva, «Diosidencias», que aún no recogida en el diccionario de la Real Academia de las Letras, que viene a significar -según sus temimos: Dios y coincidencias-  que existen coincidencias -no casualidades sino causalidades- que se reúnen en un momento dado, sincronizadamente, para dar como consecuencia un objetivo significativo, y cuya explicación -inexplicable- solo se entiende desde la fe en Dios.

Seguro que todos hemos tenido este tipo de experiencia, que podríamos calificar de milagrosamente, ha sucedido algo que -si lo pensamos detenidamente- Dios ha mediado… Esto ocurre más de lo que creemos; sólo que Dios actúa muy discretamente, su gracia está presente constantemente en nuestras vidas, aunque no somos conscientes de ello, a no ser en casos muy especiales.

A continuación exponemos un caso que evidencia cuanto decimos. Pero ante no queremos de dejar constancia de otro vivido por nosotros, y en un instante salvífico, también como este, en el momento de la muerte (pueden leerlo, AQUÍ).

 

La increíble «acción de Dios» en un joven que murió en la carretera auxiliado por este sacerdote

El padre Santiago Arellano auxilió al joven en la carretera para que recibiera los sacramentos.

El padre Santiago Arellano, párroco en Talavera de la Reina e incansable evangelizador, ha visto en su ya larga trayectoria como sacerdote la acción de Dios de la manera más sorprendente y donde nada nunca pasa por casualidad. Y para enfatizar este aspecto habla de la importancia de la oración.

En una entrevista en el canal de Youtube de Mater Mundi, Arellano relató un suceso que le pasó a él mismo y que pone de manifiesto la providencia divina y la misión a la que cada uno está llamado en su vida.

En esta entrevista habló de la muerte de un joven llamado José Mari en un accidente de tráfico. Recuerda que en aquel momento atendía a varios pueblos en la montaña e iba por el valle por una carretera. Pero justo ese día debido a las fiestas cambiaron la ruta y los horarios de misa.

“Tenía que ir a las 9 de la mañana por una carretera por la que no había ido nunca y que se había inaugurado poco antes”, relata este sacerdote.

Después del segundo túnel y tras pasar una curva se topó con un coche volcado en la calzada. En la cuneta había un joven sangrando por la boca que estaba siendo auxiliado por unos cazadores.

Sobre aquel momento cuenta el padre Arellano: “Recuerdo aparcar de mala manera y llegar corriendo, acercarme a él, cogerle con toda la delicadezadarme cuenta de que estaba agonizando, de que se estaba muriendo”.

Aquel joven sangraba y respiraba con mucha dificultad. Ante tal situación, el sacerdote empezó a hablarle: Soy sacerdote, ¿quieres que te confiese? Recuerdo que él me hizo un gesto con la cabeza porque no podía hablar, pero si mover la cabeza para decir sí o no”.

Tras preguntarle si quería confesar el joven asintió. A continuación, Santiago Arellano repasó un poco la vida del joven para pedir perdón a Dios y a los demás. “Luego le dije que íbamos a rezar tres avemarías, le di la absolución y también la unción, que la llevo siempre conmigo porque muchas veces me ha tocado hacerlo sobre la marcha”, insiste.

Tras la unción de los enfermos -indica el sacerdote- el joven se fue serenando y calmando cuando terminaron de rezar murió en sus brazos.

El padre Arellano se quedó con el joven hasta que llegaron los servicios de emergencia, momento en el que también apareció el padre del joven, que estaba cazando.

“Vino a darme un abrazo. Me dijo: ´gracias, soy adorador nocturnotodas las noches he pedido que mis hijos murieran con los sacramentos. Y he visto en la acción de Dios que te ha puesto aquí`», cuenta todavía impresionado.

Y así lo atestigua el propio Arellano: “yo nunca he ido por aquí, nunca a esta hora. Y nunca hubiera ido por aquí. Aquel muchacho se fue directo al cielo con todas las indulgencias. Todo esto te va marcando como sacerdote: ver que no eres tú el que lleva las riendas, sino que es Dios mismo el que lleva las riendas de nuestra vida”.

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Ver video a partir del minuto 16:16

 

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