La maldad progresa

Aunque en Occidente —más o menos— se vive bien, lo cierto es que estamos lejos del bien vivir. Aunque materialmente se progresa —como no podría ser de otra forma— y aunque haya gente que no se beneficia, como debiera, de los avances tecnológicos y científicos de todo tipo; lo cierto es que en lo propiamente humano, lo que hace referencia a su dimensión espiritual, no es así, sino que se ha retrocedido.

Y enseguida a uno le da por pensar en aquellas palabras de san Juan, en su primera carta (5,19): «Todo el mundo están en el poder del Maligno«.

Pese a quien pese y guste o no; los datos están ahí, hablan por sí solos y son incontestables. Sirva como botón de muestra estas cifras -recogidos de años atrás- referentes a España, pero que bien podrían extrapolarse a todo el Occidente:

Los delitos cometidos por jóvenes menores de 20 años en España han aumentado un 8,65%, de 61855 a 67241. El año pasado se sentaron en el banquillo 30000 menores. Las denuncias de padres a hijos han crecido un 60% en los cuatro últimos años; 8000 padres denunciaron que sus hijos les pegaron, casi 3000 mil más que hace cuatro años. El 15% de los profesores de secundaría dicen haber sido agredidos físicamente. Las agresiones sexuales y violaciones han aumentado un 12%. Los jóvenes hoy consumen 4 veces más drogas que hace 10 años. Casi 1/3 de los jóvenes consumen drogas. España es el primer país del mundo en consumo de cocaína. El número de abortos en estos cuatro últimos años, han pasado de 78000 a 84000. Entre separaciones y divorcios, se rompen 135000 matrimonios; 3 de cada 4 enlaces anuales. En España  1980, había 20000 presos; en 1990, 33000;  en la actualidad, 60000. En 1980 había 500 mujeres en la cárcel;  en 1994, 4000; actualmente 5000. En España, 3429 personas se quitaron la vida en nuestro país. Esta generación de jóvenes se suicida 5 veces más que la anterior. El incremento en el gasto en la industria armamentística

Pero, aún así, ante tales evidencias, nadie se da por aludido, responsabilizado, llamado a tomar medidas, a emprender a alguna reflexión para detener esta involución humana… Tal vez sea que ante la realidad de un mundo dominado por la «cultura» del materialismo más descarnado, las cuestiones del alma humana no interesan… Y ¿por qué? Sencillamente, porque no creen en ella o no quieren creer pues es obvia su existencia; el eclipse de la conciencia, el egoísmo cegador y la pérdida de sensibilidad en todos los órdenes hacen imposible cualquier acercamiento o preocupación por la dimensión espiritual del ser humano. Lo que nos acabará pasando factura. Al tiempo. 

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