Que nada ni nadie te impida hacer el bien; de lo contrario, no eres libre, algo te tiene sometido.
Por definición, a los malos no les gusta el bien. Y cualquier excusa les es válida para evitarlo. Aunque en el colmo de la inmoralidad, de no vivir bajo las orientaciones de una conciencia y de la sensibilidad espiritual afecta a la bondad, ya ni se molestan en justificar su conduzca maléfica impropia a su condición de ser humano; han banalizado el mal, lo han relativizado hasta el extremo de desproveerlos de cualquier responsabilidad.
De modo que esta incapacidad para amar la bondad determinan la conducta; la condiciona de tal manera que la esclaviza, coarta la libertad de optar por el bien. Están impedidos para hacer el bien por él mismo, porque no les gusta, a no ser que conlleva una razón compensatoria egoísta.
Una de las característica sustantivas del hecho de ser cristiano es la de la libertad. No se puede ser verdaderamente cristiano sin ser libre.
El evangelio de la liturgia de la misa de hoy, 6 de septiembre de 2022, nos habla de la actitud de libertad de Jesucristo para, movido por amor, hacer el bien al prójimo:
Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,6-11):
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: «Levántate y ponte ahí en medio.» Él se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo: «Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?»
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: «Extiende el brazo.»
Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.
El relato evangélico llama poderosamente la atención la insoportable desazón de los escribas y fariseos, que presos de la fanática fijación por la obediencia a la ley son incapaces de maravillarse por la curación, por el milagro de amor, sucedido. Es el triunfo de la libertad para hacer el bien.
La libertad de un alma movida por el Espíritu Santo que la habita es imparable, si el verdaderamente libre de ataduras, es decir, de vivir en no gracia.
Para finalizar les ofrecemos esta líneas ilustrativas del comentario al Evangelio del día de Ciudad Redonda, titulado «Cuando el amor supera a la ley»:
En agosto de 2020, una edición dominical del diario español El País publicó un reportaje de dos páginas sobre cómo, entre 1940 y 1944, en la Francia ocupada por los nazis, cuatro misioneros claretianos de una misión española en París falsificaron documentos de bautismo y matrimonio para ayudar a 155 judíos en Francia a hacerse pasar por católicos para escapar de ser capturados y deportados a campos de concentración por los nazis. (Lea la historia aquí: http://lightoftruth.in/coverstory/lying-for-the-gospel/). Si los misioneros hubieran sido descubiertos haciendo eso, habrían puesto en peligro no sólo sus propias vidas, sino también las relaciones diplomáticas franco-españolas, y probablemente habrían desencadenado reacciones nazis contra el Vaticano y contra los católicos (como los nazis hicieron con la Iglesia holandesa). También violaron las leyes de la Iglesia. Pero lo hicieron a instancias del Evangelio. Tony de Mello observó una vez: «La obediencia mantiene las reglas; el amor sabe cuándo romperlas». Jesús estaría de acuerdo.
Paulson Veliyannoor, CMF
Les invitamos también a leer el artículo «La ley del Amor«.
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